Reporte #2: En medio del dolor… Brilla el amor de Dios.

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“Jamás había estado tan cerca de Dios, como cuando me sentí tan lejos de Él.”

            Esta fue mi conclusión en medio del dolor por el que pasé. Me di cuenta lo difícil que es atravesar una situación dolorosa. Ese momento donde muchos, y en algunos casos todos, te dan la espalda y no te apoyan, o no te entienden; donde te sientes la peor persona del mundo. Pues así me sentí hace poco tiempo. Al terminar con mi novia, empecé con actitudes que no debí tomar, decisiones que, probablemente no eran las correctas pero sí muy imprudentes, me trajeron graves consecuencias personales. Terminé hiriendo a quien quería mucho y sin intención, pero el daño estaba hecho. Además de chismes y rumores (para empeorar la situación) que se decían en mí contra. Malos entendidos que arruinaron mí reputación. En fin, sentí como muchos me daban la espalda en lugar de ayudarme, muy pocos fueron los que me ayudaron. Los rumores eran tales que ponían en duda mi testimonio como cristiano, cuestionando mi integridad con Dios. Yo también había pasado por situaciones dolorosas poco antes, y nadie me entendía por eso pocos me ayudaban.

            Hubo un día en el que me di cuenta de lo que había hecho. Ciego por emociones, frustraciones y, sobre todo, decepciones; hice cosas que ante la vista de muchos no eran las adecuadas. Ese día tenía la moral por el suelo, me sentía el peor cristiano del mundo; un hipócrita más del que habar. Y mi dolor más grande era que, en cada decisión, yo había consultado en oración a Dios, entonces me hice la gran pregunta: “¿por qué estoy pasando por esto?

            Ese mismo día fui a la iglesia, un servicio en la noche, y me rendí en medio del dolor, en mi corazón, a Dios en medio de la adoración. Hice una oración, prácticamente era la expresión de mi dolor hacia Dios. Nunca la olvidaré por lo sincero que fui al orar. Y lo digo porque quizás tú también has pasado por esto y probablemente hayas dicho algo parecido. Dije, mientras todos cantaban a Dios, yo a diferencia de todos, dejé de cantar y le dije al Señor:

            “Dios, ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?, ¿por qué, por culpa malos entendidos, yo tengo que pagar los platos rotos?, ¿estoy pasando por castigos injustos, acaso no eres tú un Dios de justicia? (Me acordé de un salmo). «¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Te olvidarás de mí? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo tendré que pasar por este dolor?» (Salmo 13:1-2 parafraseado). Si en estas últimas decisiones fuertes en mi vida sentimental te he tomado en cuenta, he buscado tu ayuda y tú apoyo antes de cada decisión, ¿por qué ahora siento que no estás conmigo? ¿Por qué me abandonaste? ¿Dónde estabas cuando te necesité y aún te necesito? ¿Cómo esperas que te de las “gracias” si estoy pasando por esto?  […]” Algo así fue mi oración, más sincero no pude haber sido. Estaba dolido por lo que me habían hecho, y ahora por lo que sentí que Dios me había hecho.

            Pero algo pasó en medio de esa oración, en medio de ese momento de adoración en esa noche en la iglesia. A pesar de todo el dolor que sentía, no pude terminar la oración de otra forma sino así: “[…] a pesar de que siento que tú no me apoyaste en mi dolor, te seguiré sirviendo, te seguiré adorando, seguiré hablando de tu bondad y de tu misericordia con quien te busca de todo corazón. A pesar de que, muchas de las decisiones que tomé fue porque sentí que me decías que lo hiciera y lo que he conseguido hasta ahora son problemas, no dejaré de decir que eres mi Señor […]”. Realmente no sé qué me motivó a decir esto último, pero esa noche jamás había estado tan cerca del amor de Dios. Sentí cómo Él me abrazaba y me decía que entendía mi dolor y que nunca se apartó de mí, que no estuvo ni delante de mí, ni detrás, sino al lado. Entendí la frase: “Yo no te condeno, vete y no peques más”, es un: “sé que mereces pasar por eso, pero yo no quiero que pases por eso, sé lo que se siente”. Y me sorprendí más, cuando buscaba cuál era el salmo del que me acordé, y es el salmo 13, que empieza con una gran expresión de dolor y reclamos, pero termina con una adoración a Dios y una gratitud inmensa. ¿Sabes que es difícil?, darle gracias a Dios cuando no tienes nada de qué estar agradecido; cuando no tienes motivos para hacerlo. Cuando tu mundo está hecho pedazos y levantar las manos para decir: “Gracias”. Eso duele.

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            A pesar de todo esto aprendí algo y eso mismo quiero compartir. La luz del amor de Dios lo tendemos a confundir con una vida sin problemas, con el amor de amigos y/o familiares, el cariño de alguien, entre otras fuentes de “luz” si se pudiera llamar así. Estamos rodeados de tantas “luces” que lo confundimos con esa verdadera luz. Pero cuando atravesamos el dolor, vemos cómo las demás luces se atenúan, e incluso se apagan dejándonos en la oscuridad. Quizá no exista otra mejor manera de llamar al dolor que “oscuridad”. Vemos cómo muchos nos dan la espalda, nos hieren quienes necesitamos de su ayuda, o se alegran de vernos cometer errores y caer (eso quizá los hace más importantes al señalarnos).

            Sin embargo, hay una luz que a pesar del dolor, nunca se apaga y que pocas veces vemos, a no ser que las demás luces dejen de brillar, esa es la luz del amor de Dios que hace contraste con la oscuridad del dolor. Lo que tenemos que hacer es mirar hacia arriba ver que esa luz aún sigue encendida. No te olvides de ser sincero con Dios, a veces nuestro excesivo respeto a Dios nos aleja de Él, y nos muestra un Dios distante y serio, eso crea desconfianza en Dios. No digo que seamos irreverentes, pero sí sinceros. Así como la increíble sinceridad de David en sus salmos 13, 38 y 102, pero con una gran reverencia a Dios. Cuando a pesar del dolor, seguimos con nuestra mirada en Dios, dejamos que esa luz brille en nosotros. Esa luz nunca se apaga, ni aun cuando “traicionamos” a Dios. Pedro en una ocasión negó a Jesús tres veces, pero después de que Jesús resucitara, Él le dio varias oportunidades de perdón, al preguntarle tres veces si lo amaba.

            No importa por cual dolor estés pasando, haya sido tu culpa o no. Nadie tiene la moral para juzgarte o criticarte, si alguien la tiene que lance la primera piedra. Lo importante es que Dios no abandona a quien lo busca de todo corazón. Y es algo ilógico que en medio del dolor podamos sentir a Dios más cerca, pero es así. Dios no está solamente en los momentos de felicidad; a mi parecer, se encuentra más seguido en momentos de dolor y sufrimiento que en momentos “buenos”. Porque cuando estamos dolidos, o pasamos por un sufrimiento, se rompen esas fortalezas en nuestro corazón y en nuestra mente, que nos hace difícil ver a Dios. Dios no te juzga, Él te ayuda. Y aunque no tengas nada de que estar agradecido con Dios, aunque te quedes sin motivos para dar gracias; no te alejes de Dios, porque Él nunca se aleja de ti, él prefirió morir por ti, que vivir sin ti.

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            Después de pasar por ese dolor, entendí muchas cosas sobre mí, y el por qué pasé por eso. Quizás Dios no nos dice por qué pasamos por tales situaciones, para que no perdamos el tiempo discutiendo con Él. En una ocasión, un padre llevaba una madera muy larga a través de la casa. Pasando por la cocina, él gira y la tabla empieza a tumbar todo lo que había en la mesa, y se arrastraba por encima de la mesa. Al final de la mesa estaba su hijo de espalda a él, entonces el padre grita: ¡Hijo agáchate! Y el niño se voltea y le pregunta: ¿por qué papá?, y ¡tack! La tabla lo golpeó. Bueno así ocurre cuando Dios nos hace pasar por algo, no pierdas el tiempo preguntando el por qué, enfócate en seguir la voz de Dios y él te dirá, en su tiempo, porqué te hizo pasar por eso. Sólo confía en Dios, Él sabe lo que hace.

Y como me dijo un gran amigo mío en medio del dolor por el que pasé: “¿para qué nos caemos?, sino es para aprender a levantarnos. Levantarse de una caída, en sentido figurado, es el resultado de habernos perdonado. A veces nos enfocamos más en el perdón externo (entre personas) que en el perdón interno (uno mismo). Si nuestro Dios, el creador de todo el universo, se inclinó hacia nosotros y nos perdonó aún sin merecerlo, ¿por qué no perdonarnos a nosotros mismos? Aún hasta las mejores personas fallan, y no por eso son malas personas.

Recuerda que cuando pases por un dolor, no te olvides de Dios, Él no está lejos mirándote o ignorándote, en realidad está más cerca de ti. Estamos más cerca de conocer el amor de Dios cuando nos sentimos lejos de Él.

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Como Los Portugueses…

¿Te haz preguntado por qué a tantas personas les cuesta dedicarse a Dios y dejar su vieja vida, aún cuando sirven en su iglesia? Esta pregunta es muy común sobre todo en aquellas personas que les cuesta separarse del mundo y vivir para Dios. Seguir a Dios no es difícil, lo difícil es decidirse a seguir a Dios, y es que el punto está en el siguiente paso después de la transición de la muerte espiritual a la vida eterna con Dios.

Cuando me refiero al siguiente paso luego de tal transición, me refiero al momento luego de que decides aceptar a Jesús en tu corazón (seas cristiano o no) y empezar a dedicarte para su gloria, pero este momento está cargado de muchas emociones, incluso mas emoción que decisión. Luego de ese momento estás decidido emocionalmente a seguir a Dios en “lo que sea” pero luego más adelante te das cuenta de lo difícil que puede ser trabajar para el reino de Dios. Y empiezas a notar que todo se vuelve cuesta arriba y que es muy difícil dejar tus viejas andanzas o hábitos (hayas sido cristiano o no), y es ahí donde te digo que seguir a Dios no es difícil, lo difícil es dejar de seguir al mundo como lo hacíamos antes. Pero ¿Como es eso?

Para explicarme mejor, contaré brevemente una historia sobre la forma de conquistar que tenían los españoles y los portugueses. Cuando los españoles llegaron a américa y empezaron sus colonias, sometieron a todos los indígenas obligándolos a trabajar para ellos al igual lo hacían con las personas de color traídas desde áfrica. Les quitaron todo lo que tenían dejándolos si acaso con sus familiares, lo que provocó una revuelta y seguidos intentos por liberarse de esta opresión. Más adelante eso los llevó a su libertad.

Pero la historia con los portugueses es distinta. Cuando los portugueses llegan a lo que hoy en día en brasil, en lugar de quitarles todo lo que tenían y obligarlos a trabajar para ellos, simplemente se ganaron su obediencia, dándoles cosas que no tenían y así dejarlos en deuda con ellos y para pagar tal deuda tenían que trabajar para ellos. Educación, libros, conocimiento, salud, joyas, casas, tecnología, y más les prometían a los nativos, por lo que cuando pensaban “liberarse” se daban cuenta que perderían tales “beneficios” y por lo tanto ni intentaban desquitarse de tales beneficios, porque se habían vuelto parte de su vida. Esta acción muy hábil de los portugueses les ayudó económicamente en su progreso.

Bueno, así como los portugueses trabaja este “mundo” (cuando me refiero a “mundo”, quiero decir todo aquello que está en contra de Dios) con nosotros. Este mundo promete “muchas” cosas para tu vida y trata de que dependas de el para que tu funciones “como debe ser”. Entonces cuando conoces la verdad de Dios y decides seguir sus mandamientos, primero debes dejar las llamadas “cadenas” que te atan al mundo.

A medida que conocemos más de Dios, nos damos cuenta que los “beneficios” del mundo no son más que “palabrerías y falsas promesas” para mantenernos dependientes de este mundo.

Ahora piensa, ¿Qué cosas te atan a este mundo?, ¿Por qué te cuesta separarte de este mundo y seguir a Dios? Así como hicieron los portugueses también trabaja este mundo para hacerte esclavo, pero cuando conoces el poder de Dios y los “verdaderos beneficios” te darás cuenta que es mucho más de lo que tenías, tienes y puedas llegar a tener.

Una Mirada Al Horizonte…

Hace pocos días estuve leyendo el Salmo 73, y me gustaría compartirlo con ustedes, y como Dios nos habla. Este es una expresión de angustia, y se podría decir de impotencia, al ver como otras personas les va mejor que a uno mismo. Con muchos de estos versículos te vas a identificar porque es una reacción natural de un cristiano cuando esta en medio de injusticias, pero hay un mensaje detrás de todo esto que muchas personas han comprendido, sean cristianas o no. He aquí el Salmo 73 de la biblia Traducida al Lenguaje Actual (TLA):

Himno de Asaf.

” 1 Dios es muy bueno con Israel
y con la gente sincera.
2 Yo estuve a punto de pecar;
poco me faltó para caer,
3 pues me llené de envidia
al ver cómo progresan
los orgullosos y los malvados.
4 ¡Tan llenos están de salud
que no les preocupa nada!
5 No tienen los problemas de todos;
no sufren como los demás.
6 Se adornan con su orgullo
y exhiben su violencia.
7 ¡Tan gordos están
que los ojos se les saltan!
¡En la cara se les ven
sus malos pensamientos!
8 Hablan mal de la gente;
¡de todo el mundo se burlan!
Tan grande es su orgullo
que sólo hablan de violencia.
9 Con sus palabras ofenden
a Dios y a todo el mundo.
10 ¡Pero hay gente que los consulta
y cree todo lo que dicen!
11 Piensan que el Dios altísimo
no lo sabe ni llegará a saberlo.
12 ¡Así son los malvados!
¡No se preocupan de nada,
y cada vez son más ricos!

13 ¡De nada me sirvió hacer el bien
y evitar los malos pensamientos!
14 ¡Esos malvados
me golpean a todas horas!
¡En cuanto amanece me castigan!
15 Si hubiera pensado como los malvados,
habría traicionado al pueblo de Dios.
16 Traté de entender esto,
pero me resultó muy difícil.
17 Entonces fui al santuario de Dios,
y fue allí donde entendí
cómo terminarán los malvados:
18 Dios los ha puesto en peligro,
y van hacia su propia desgracia.
19 En un abrir y cerrar de ojos
terminarán por ser destruidos;
el terror acabará con ellos.
20 Cuando Dios entre en acción,
hará que sean olvidados
como se olvida una pesadilla.

21 Dios mío,
yo estuve muy afligido;
me sentí muy amargado.
22 He sido muy testarudo;
me he portado mal contigo:
¡me he portado como una bestia!
23 A pesar de todo,
siempre he estado contigo;
tu poder me mantiene con vida,
24 y tus consejos me dirigen;
cuando este mundo llegue a su fin,
me recibirás con grandes honores.
25 ¿A quién tengo en el cielo?
¡A nadie más que a ti!
Contigo a mi lado,
nada me falta en este mundo.
26 Ya casi no tengo fuerzas,
pero a ti siempre te tendré;
¡mi única fuerza eres tú!
27 Los que se apartan de ti
acabarán por ser destruidos;
los que no te sean fieles
acabarán perdiendo la vida.
28 Pero yo estaré cerca de ti,
que es lo que más me gusta.
Tú eres mi Dios y mi dueño,
en ti encuentro protección;
¡por eso quiero contar
todo lo que has hecho!”

(Salmo 73)

En algún momento de nuestras vida hemos dicho algo muy parecido a algún versículo de este Salmo (admiro a quienes no les ha tocado decir esto), pero existe una razón por la cual muchas de aquellas personas han llegado a tener mucho y nosotros hemos llegado a quedarnos atrás.

Como ser humano, la vida prospera de otros poco a poco se vuelve envidia a nuestros ojos, al ver como ellos pueden avanzar y nosotros quedarnos atrás. Esto lo vemos en la vida de grandes personas de las cuales se habla por la televisión, radio, Internet, periódicos, etc. En el aspecto cristiano pasa o mismo, ya sea con el mismo tipo de personas o con pastores, líderes, evangelistas, predicadores, etc. y llegamos a creer que Dios tiene un aprecio “especial” a aquella personas y a nosotros nos tiene olvidado, pero no es así.

Muchas veces se nos olvida el “esfuerzo, la paciencia y la dedicación” que han tenido aquellas personas para lograr lo que hoy en día tienen. No se preocupaban por la situación de los demás sino por cómo iban a lograr su meta.

“Dejaríamos de pensar en otras personas si supiéramos la poca cantidad de veces que ellas piensan en nosotros…”

¿Queremos las cosas fáciles? ¿A que precio?. Que seamos cristianos no significa que somos intocables por las tentaciones, sino que discernimos cual es esa tentación. La tentación mas obvia es cuando queremos el camino fácil para lograr nuestra meta. Y Dios ve esas cosas.

Pensemos un rato esta situación. ¿Que pasaría si Dios nos concede todo lo que queremos ahora mismo y sin preguntar? ¿Todas las cosas en cualquier momento de nuestras vidas? – Si Dios nos concediese “todo” lo que queremos tendríamos una caja de regalos para nosotros mismos en lugar de un Dios todopoderoso. Es entonces donde cosas realmente malas nos estarían pasando, porque nunca estuvimos preparados para recibir tales “bendiciones”.

La razón principal por la cual otras personas reciben “bendiciones” y nosotros aún no, es porque no estamos preparados para recibirlas, y ¿Cómo sabes tu que no estas listo(a)?, muy simple, cuando aún sigues quejándote por tu situación y cuando hablas mal de aquellas que han progresado.

Los Sufrimientos

Este es un aspecto de nuestras vidas que siempre está, y estará, presente. Dios nos bendice de diversas formas, pero existe una en especial por la cual, por desgracia, aprendemos mejor que es por la vía del sufrimiento. No es que esa sea la vía para aprender mejor, sino que nuestra forma de ver el mundo limita nuestra capacidad de aprender por medio de otras vía, por ejemplo el escuchar consejos o el aprender por medio de las experiencias de otras personas.

Pero Pablo conoce muy bien que es sufrir por aquello que amas. Y en una de sus cartas a la iglesia en Roma, explica las bendiciones del sufrimiento. En Romanos 5:3-5 (TLA) nos enseña porque debemos gozarnos en la tribulaciones (sufrimientos): “Pero también nos alegra tener que sufrir, porque sabemos que así aprenderemos a soportar el sufrimiento. Y si aprendemos a soportarlo, seremos aprobados por Dios. Y si él nos aprueba, podremos estar seguros de nuestra salvación. De eso estamos seguros: Dios cumplirá su promesa, porque él nos ha llenado el corazón con su amor, por medio del Espíritu Santo que nos ha dado.” Me llamó la atención cuando Dice: “…Y si aprendemos a soportarlo seremos aprobados por Dios…” Otra versión dice que nos dará firmeza para soportar.

Cuando nuestra situación con respecto a lo que sea cambia, nuestra visión de las cosas también cambia, dando una nueva óptica de las cosas. Entonces aprender de las tribulaciones de la forma correcta nos da la seguridad de estar bajo la salvación de Dios.

Volviendo al tema…

Pero aún no hemos respondido la pregunta central de todo este tema, el cual quiero compartir con ustedes. ¿Que tienen aquellas personas con éxito que yo no?

“Aquellas personas tienen un enfoque, tienen una meta, tienen una razón por el cual luchar… Tienen una mirada al horizonte.”

 Quiero que te aprendas esa última frase porque estoy seguro que te traerá muchas bendiciones. El tener la mirada en el horizonte tienen un significado mas allá del literal.

“Mirar al horizonte” es tener una visión mucho mas allá de lo que piensas hacer en las próximas semanas. Cuando me refiero a mirar el horizonte es mirar hacia donde vas y no que vas a pisar. Muchas personas pasan toda su vida tratando de evitar caer en cualquier aspecto de su caminar, ya sea financiero, familiar, espiritual, personal, etc. y no saben a donde ir.

Si yo estuviese en un cuarto y quisiera salir de él, ¿Que es lo primero que buscamos?, la puerta para salir, pero muchas personas buscan los lugares donde no pueden salir para después alejarse, empiezan viendo las paredes, el piso y el techo para evitar acercase, en lugar de buscar la puerta. Luego de conseguir la puerta ¿que hago?, pues sencillamente caminar “hacia” la puerta, pues muchas personas lo que hacen es evitar las paredes, las esquinas, miran al techo a ver que pueden ver, o el piso para no caer, y no tienen una dirección.

Pues así sucede en el ámbito personal, muchas personas evitan las peores cosas de sus vidas para no sentirse mal y no buscan las metas para sí y terminan quedándose atrás.

Una persona que no tienen definido un “propósito” o una “meta” para su vida, tiende a huir de las cosas que cree que no son beneficiosas para si mismo, evitando caer; pero no tienen una dirección y generalmente huyen hacia algún sitio donde mas tarde volverán a huir.

“En cambio una persona con un enfoque en su vida, no se preocupa por donde va a caer sino donde pisar para llegar a su destino…”

Piensa en esto…

Ahora bien, el horizonte tiene una cualidad muy cómica y es la columna principal de este tema; y es que no importa donde te encuentres, el horizonte nunca termina, por más que avances o corras, seguirá a lo lejos. Cuando uso como metáfora “el horizonte” y el “mirar el horizonte” me refiero a mirar hasta donde tu visión te permita llegar. Cuando estamos en un campo lo primero que miramos es hasta donde llega ese campo y por consecuente miramos el horizonte.

No se si te ha pasado, pero cuando yo salgo de viaje y voy por una carretera muy larga, miro el horizonte y casi siempre esta un árbol. Si, un árbol muy lejano, y si sé que me dirijo hacia allá noto que cuando alcanzo a ese árbol el horizonte sigue allá a lo lejos. Bueno, así también ocurre en nuestras vidas, cuando nos proponemos algo a lo lejos, se nos olvida que después  de obtenerlo aún sigue la vida. Por ejemplo, cuando estudiamos en la universidad nuestro objetivo es graduarnos, error, porque una vez que te gradúas, ¿que vas a hacer?, es muy fácil decir, – busco un trabajo -, pero realmente no tenemos idea de que vamos a hacer.

Otra vez me refiero a mirar el horizonte, es ver mas allá de tus metas, ¿Qué vas a hacer una vez que cumplas esas metas?, cuando tienen una mirada en el horizonte, empezarás a planificarte mucho mas allá de graduarte, realizar un trabajo, ganar dinero, comprar cosas, vender cosas, tener una familia, hijos, enseñar, aprender, etc., y verás que muchas cosas en realidad no marcan la diferencia o no dejan un legado para las futuras generaciones.

Es por ello que empezarás a dejar una huella para que otro las siga y verás que la vida no se trata de complacerse a si mismo, sino que hay otros que necesitan de un consejo, un abrazo, unas palabras… necesitan de Dios.