Una respuesta ante la duda.

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«Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.»

— Mateo 14:28-29 (RV60). —

El panorama de la situación.

      La historia comienza en medio de un basto de espacio de agua, muy parecido a estar en el mar abierto. Una fuerte tormenta que levantaba las olas y golpeaba la inestable barca sobre el cual estaban los discípulos de Jesús, doblegaba la moral de algunos. Además, era de noche; la cuarta vigilia, según el sistema romano para la división del tiempo durante la noche, equivale a un horario (moderno) entre las 3 y las 6 a.m. lo que supondría el momento más oscuro de la noche, cuando falta poco para el amanecer, y el momento donde se debería estar descansando, no luchando contra una tempestad. Toda una fórmula para un desastre inevitable.

    Pero Jesús se aparece, caminado sobre ese mar inquieto, y pidiendo que se tranquilicen. No satisfecho con esto, Pedro decide pedirle al Maestro que le conceda el privilegio de caminar sobre las aguas para ver si realmente ese “caminante de las aguas” es el Jesús, su Maestro. Aún con la cantidad de veces que he escuchado esta historia, me pregunto ¿Por qué Pedro hizo eso?

      Esta no fue una situación nunca experimentada; antes, registrado en el capítulo 8, versos del 23 al 27, los discípulos viven una tempestad en una barca y en medio del mar pero a diferencia de que, al parecer, no era de noche y además Jesús se encontraba con ellos. Los discípulos se asustan y despiertan al Maestro pidiendo ayuda, y Jesús con solamente ordenarle al viento que se detenga, la tempestad se detuvo; todos quedaron asombrados por ese evento. Por lo tanto, estar en medio de una tempestad no era algo nuevo, sino una especie de “deja vú”.

      Volvamos a la historia inicial. Esta es la famosa historia de cuando Jesús camina sobre las aguas, y también vemos a un Pedro que lo hace. Pero hay una cierta intriga sobre el por qué Pedro le pide a Jesús caminar sobre las aguas para probar que realmente ese ser que camina sobre las aguas, que dice ser Jesús, es el hijo de Dios. Por lo general, nosotros como seres humanos comunes y corrientes, para convencernos de que alguien es quien verdaderamente creemos que es, buscamos un rasgo, una expresión, una cotidianidad en esa persona para asegurar lo que es. Entonces, en una situación, que es muy parecida a la antes vivida, la solución ante el dilema de: quién es la persona que camina sobre las aguas, sería buscar una evidencia sobre lo que Jesús haría, porque sólo él puede hacerlo. Algo como: pedirle que calme la tempestad, tal como en aquella ocasión lo hizo; convertir el agua en vino, como una vez sucedió; o hacer algún milagro que probara la afirmación que dijo sobre ser Jesús. En fin, pedirle hacer algo que sólo Jesús, haya hecho en algún momento de su vida.

      Pero no. Sólo un hombre, con un serio problema de impulsividad, se atrevió a pedir algo nuevo para probar que ese hombre era Jesús, ese hombre fue Pedro. El cual Jesús le otorgó el privilegio de caminar como Jesús sobre las aguas; aunque muchos hablan de su caída y hundimiento, no notan que realmente llegó a Jesús, pues Él sólo tuvo que extender su brazo para sostenerlo, lo que quiere decir que Pedro llegó a estar a la distancia de un brazo extendido, en conclusión, Pedro caminó hasta Jesús sobre las aguas.

      Probablemente nunca llegaremos a leer los pensamientos de las personas, mucho menos las que ya están muertas, pero podemos inferir e intentar comprender la forma de pensar de alguien por medio de lo que dice o, como en esta ocasión, por lo que quedó escrito que una vez dijo.

      Ahora bien, por medio de este escrito, quiero llevarte a tratar de entender la motivación por la cual Pedro dijo semejante cosa cuando vio a Jesús. Y lo haremos entendiendo lo que Pedro dijo. Cuatro frases conforman la petición total de este gran discípulo, con ello llegaremos a entender lo que él sabía de Jesús, y lo que podemos aprender con esa gran respuesta ante la duda sobre quién es ese que camina sobre las aguas.

* * *

«Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.»

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1.   Autoridad: «Señor, si eres tú…».

      Así comienza la famosa frase que le permitió a Pedro no ser uno del montón, y hacer lo que ningún otro discípulo ha hecho. Hay algo interesante sobre cómo inicia la respuesta y es ese “Señor”. El título de Señor, para Jesús, no fue un regalo divino de Dios, ni un derecho de nacimiento, sino que fue merecido y otorgado en el momento que Jesús toma tu lugar para pagar por tus pecados contra Dios. La biblia dice que fuimos comprados por precio de sangre, Jesús derramó su sangre y su vida para que nosotros no tengamos que morir en el infierno como realmente deberíamos. En el momento que nos salva de la condenación, Jesús se convierte en nuestro Salvador y también en nuestro Señor. Pero todo esto, para el momento en que Pedro lo dijo, no había ocurrido aún. Esto muestra lo que Pedro ve en Jesús. Aún sin merecer el título de Señor, Pedro ya lo ve como su Señor.  Pero, ¿qué significa Señor? Esto es, y pon atención: colocarse como siervo, ceder nuestro lugar, someterse a alguien, y sobre todo, otorgar autoridad en alguien. Todo esto es lo que implica la palabra (o título) Señor. Pedro entendía muy bien esto, y por eso inició la respuesta reconociendo la autoridad que allí se presentaba.

      En la academia militar, o en instituciones con un énfasis militar, notamos como los diferentes rangos presentan sus respetos y reconocen la autoridad por medio del saludo. Ahora bien, ¿haces esto mismo con Dios? No me refiero a levantar la mano a la cabeza y pararse erguido, sino que ¿en tu vida diaria reconoces la autoridad de Dios? En el libro de “Autoridad Espiritual” del autor Watchman Nee, muestra una gran variedad de ejemplos en toda la biblia, tanto del antiguo testamento como del nuevo, en el que se refleja la autoridad de Dios en la vida; ejemplos que normalmente usamos como clases de doctrina o en prédicas, el autor lo muestra pero con enfoque a la autoridad espiritual el cual no debemos tomar a la ligera.

      Entonces, algo vital para nuestra vida cristiana, es reconocer el señorío de Dios en nuestra vida, así como Pedro lo hizo, pues él decidió otorgarle autoridad sobre su vida a Jesús y colocarse como siervo suyo, con tan sólo decir: “Señor”.

        Luego continúa diciendo: “si eres tú”. Hay algo que me llama mucho la atención en la vida de muchas personas creyentes, y es que no se toman el tiempo para cuestionar si algo es de Dios, o no lo es. “Si lo dice el pastor, es verdad”, es en resumen la forma de pensar de muchas personas hoy en día y así evitan la fastidiosa tarea de leer la biblia para buscar la veracidad de lo que aprendieron. Me encanta un fragmento de la biblia cuando se dice: “probadme en esto”, lo que nos lleva a probar si realmente Dios está en esto o no. “Probad los espíritus” es otra forma de decir que busquemos en las escrituras si viene de Dios o no.

       Pedro tuvo la valentía de decirle al “caminante de las aguas” si realmente era el hijo de Dios o un farsante. Él entendía que las cosas son de Dios o no lo son. No hay punto medio. O algo nos lleva a Dios, o nos aleja de Dios, pero no nos mantiene neutros. Ese: si eres tú, condiciona la respuesta y petición de Pedro, es decir, si no es el hijo de Dios, no se cumplirá lo que sigue, pero si realmente lo es, entonces sí es de Dios. Y lo que sigue, en esta respuesta, es la continuación de reconocer a la autoridad.

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2.   Obediencia: «… manda que…».

      Esto muestra la consecuencia a reconocer la autoridad de Dios, que es la obediencia. Pedro no era un “llanero solitario” que se mandaba por su propia cuenta y hacía lo que “se le daba la gana”, sino que entendía el valor de la obediencia en la vida de un seguidor de Cristo. Sólo le otorgamos nuestra obediencia a quien creemos que posee autoridad sobre nosotros. Para obedecer, necesitamos reconocer quién es la autoridad, y nuestro problema más grande quizás no sea obedecer, sino el saber a quién obedecer. He aquí el asunto del por qué es tan difícil obedecer a Dios antes que al mundo, y es porque reconocemos la autoridad del mundo, de la sociedad actual, por encima de la de Dios. Y no es que obedecer a Dios sea difícil, lo difícil es dejar de decirle “Señor” al mundo y empezar a decírselo a Dios, porque ya sabemos lo que implica.

      “Manda que”, es el principio de la obediencia. Y esto es dejar que sea Dios quien nos dirija en la vida. Es darle el timón de nuestras acciones a Dios y simplemente obedecer a sus órdenes. Esa segunda frase implica el dejar que sea Dios quien tome nuestras decisiones, y aunque digamos que siempre ha sido Él quien las ha tomado, realmente somos nosotros quienes no dejamos que Dios tome el control. Un ejemplo de ello es lo siguiente: Por lo general oramos y ponemos en las manos de Dios la decisión que ya tomamos, pero muy pocas veces oramos y dejamos en las manos de Dios la decisión que vamos a tomar. Es decirle a Dios que bendiga lo que ya decidimos que vamos a hacer, en lugar de consultarle y pedirle su opinión sobre lo que en el futuro vamos a hacer. Dios no es un talismán de buena suerte, ni una lámpara de los deseos, Dios es quien tiene la moral para ser obedecido por todos.

      Haz un recuento de tu vida hasta este momento y toma nota sobre la cantidad de veces que decidiste obedecer a Dios en algo, o cuantas de las ocasiones en tu vida se refleja el “manda que” yo obedezco. Es una gran contradicción como cristianos que somos, decir que Jesús es nuestro Señor pero que no le obedezcamos. Obedecer es sencillo, lo complicado es obedecer a quien debe ser obedecido, y para nosotros el mundo es a quien obedecemos, por eso es fácil no creer en Dios, para no tener que dejar de decirle “señor” al mundo. Pero la vida de un cristiano no se debe caracterizar por su denominación, sino por su obediencia a la autoridad de Dios.

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3.   Propósito: «… yo vaya a ti…».

    Esta es la razón por la que nos llamamos cristianos, seguidores de Cristo. Ese “yo vaya a ti” implica el deseo de Pedro de ser como Jesús, y sobre todo, de estar donde esté Jesús. Esta una expresión de angustia espiritual, ¿qué hago yo aquí, si Jesús, mi Señor, está allá? Entonces yo iré donde Jesús se encuentre, porque soy su seguidor. Aquí se ve reflejada la historia de la vid y lo pámpanos, separados de Él nada somos; sobre lo de venir a Él los que estén cargados y descansar, Pedro entendía esto. Pero sobre todo entendía que todo lo que él haga, si no tiene el propósito de llegar Cristo, nada vale. Él no pidió que Jesús hiciera algo allá a lo lejos, sino tener el privilegio de estar con Jesús, de poder ir hasta Jesús.

     Ahora bien, ¿lo que haces, te acerca a Jesús, o te aleja de Él? Esta es una pregunta dura, para quienes sabemos que no siempre hacemos cosa para ir hasta Jesús, o para honrar su nombre y glorificarle. Cristo es nuestra meta, nuestro destino, nuestra razón de aún seguir vivos. Para ver la gloria de Dios en nuestra vida, debemos acercarnos a él. Y no es que Dios está a lo lejos esperando que nosotros hagamos todo el trabajo, es que Dios reconstruyó el puente el en abismo que nos separaba de Él, y que ahora nos toca cruzar para estar con Dios.

    El simple hecho de pedir ir hasta Jesús, involucra el hecho de alejarse del mundo. Caminar hacia Jesús es darle la espalda al mundo y fijar nuestra mirada en Jesús. Y no es fácil, darle la espalda al mundo es declararle la guerra en definitiva. Nuestro destino, determina nuestro rumbo. Si no sabemos que queremos ser, no importará lo que nos suceda. Pero si queremos que nuestro destino sea Cristo, nuestro rumbo empezará a direccionarse hacia Él.

    Es una mirada puesta en Dios, en el Cristo a quien seguimos. Ir hacia un sitio es cuestión de pasos hacia adelante, devolverse de algún lugar es cuestión de pasos hacia atrás. No puedes ir hacia Dios con pasos hacia atrás, sino lo contrario, y esto es poner todo tu cuerpo en esa dirección, y por ende tu mirada estará puesta en Cristo.

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4.   Sobrenatural: «… sobre las aguas.».

      Con esto concluye la respuesta de Pedro a ese tal “caminante de las aguas” sobre su afirmación de ser Jesús. Sobre las aguas, es una realización de lo que Pedro quería ser, como Jesús. Si Jesús esta, sobre las aguas, yo también; si Jesús sana enfermos, yo también; si Jesús predicaba las buenas nuevas de salvación, pues yo también; si Jesús en todo fue obediente a Dios, yo también lo seré; si Jesús dio su vida por lo que creía, yo también. Ese es el significado de ser un cristiano, no es solamente asistir a una iglesia, cantar, escuchar e irte a la casa, sino el hecho de ser como Jesús. Pero más allá querer caminar como Jesús sobre las aguas, Pero, con esta petición, quería probar si realmente era el hijo de Dios.

      Pedro sabía que sólo Jesús podía hacer las cosas que nadie puede, lo sobrenatural de Jesús era la prueba suficiente para mostrar a todos. Pero eso sólo es referente a Dios y Jesús, ¿qué hay de mi, un ser humano común y corriente? Ahí está la prueba del poder de Dios. Lo sobrenatural para Dios es lo cotidiano para Él, pero para nosotros significa “lo que no podemos hacer”.

       Lo sobrenatural marca el límite de nuestras fuerzas, representa todo aquello que no podemos hacer, pero que Dios si puede. Pedro, con esta petición, quería sentir lo que es tener el respaldo de Dios, y mostrar lo que Dios puede hacer a través de un ser humano que cree en Él y le obedece. “Caminar sobre las aguas” va más allá del tema más usado que es el caminar sobre los problemas y las dificultades. El caminar sobre las aguas no depende de nuestras fuerzas, sino de Dios en nosotros. Es lo que Pedro necesitaba saber para entender que ese “caminante de las aguas” era Dios mismo, obrando en él.

       El hecho de que Pedro caminó sobre las aguas, dio a entender a todos en la barca que quienes creen en Cristo, lo toman como su Señor y le obedecen, quienes procuran que sus acciones lo lleven a Cristo, y glorifican su nombre, puede hacer las cosas que ningún ser humano puede llegar a hacer.

       Cuando hacemos algo de parte de Dios, debe quedar absolutamente claro que el que reciba la gloria y la honra, no sea la persona, sino Dios. Que Pedro haya caminado sobre las aguas no me demuestra la habilidad y la fuerza de Pedro, ya que ningún ser humano se puede mantener sobre las aguas en estado líquido (la física no permite tal evento), sino que me demuestra que sólo Dios puede llevarnos a desafiar lo que conocemos como cotidiano, lo que llamamos lo normal, lo que siempre ha sido, con tal de que entendamos que sin Él nada somos.

* * *

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Una palabra basta para accionar.

       Ante tal respuesta de Pedro, Jesús sólo dijo: Ven. Esa es la confirmación de lo que podemos hacer. Pedro no esperó a que se calmaran las aguas para hacer más “cómoda” la caminata. Pedro no caminó alrededor de la barca agarrado de ella para asegurar que no se iba a caer, ni se enorgulleció ante los demás por lo que podía hacer, sino que tal como dijo, así lo hizo: se bajo de la barca y caminó hacia Jesús.

        Y aunque muchos hablen de que era un hombre de poca fe. Imagínense la fe de los que ni siquiera dijeron algo, sino que se quedaron mirando. La biblia no se distrae en personas que no hacen nada, en este fragmento, la historia se enfoca en Pedro, no en los que se quedaron mirando cómo Pedro caminaba hacia Jesús. Otros dirán que Pedro no llegó a Jesús o que llegó hasta la mitad, pero realmente sí llegó. Cuando se estaba hundiendo, pidió ayuda y Jesús sólo extendió su brazo para alzarlo, no dice que corrió hasta él, ni que caminó hasta alcanzarlo. Pedro caminó hasta ubicarse a la distancia de un brazo extendido, para mi es suficiente distancia para estar de frente a una persona y decirle, ya llegué. Aunque Pedro se iba hundiendo, y puede que no sepamos realmente la razón por la que dudó (ya que el miedo no es igual a la duda), Jesús cumplió con lo que le dijo: ven, y nunca lo abandonó ni aún cuando ya no podía avanzar.

Construyendo Un Altar Para Dios

orando¿Por qué me cuesta orar?

            Esta es la pregunta clave que todos nos hacemos diariamente, más comúnmente cuando pasamos por problemas y no sabemos qué hacer, y es ahí cuando alguien nos dice: ¡ora a Dios! Pero siempre se nos olvida, o pensamos que no tenemos las fuerzas para orar, o por general, nos aburrimos mientras oramos y nos distraemos fácilmente. Pues no te vengo a decir cómo debes orar, ni mucho menos lo que debes orar, simplemente te diré por qué te cuesta orar. Y te lo digo porque seguramente a mí me pasó lo mismo que a ti, y te diré como entendí unos pequeños detalles que cambiaron mi vida de oración.

            La oración es vital y muy importante. Un cristiano que no ora, fácilmente le coloca las comillas a su apodo de “cristiano”. La oración es un deleite, una forma de liberarse del afán, de las tensiones diarias, del estrés y, sobre todo, es para hablar y escuchar a Dios. Entonces, si orar es lo mejor que puede hacer el ser humano, ¿por qué cuesta iniciar una oración?, ¿o por qué nos distraemos fácilmente?, no le eche la culpa a satanás tan pronto, posiblemente él esté en Dinamarca mientras a usted le cuesta orar; pero igual le echa la culpa a él. Son detalles que ignoramos diariamente que obstaculizan un conversar con Dios.

            Estos detalles se ven claramente en el libro del profeta Hageo, que llevado a nivel espiritual y personal pueden cambiar nuestra vida de oración. Pero antes de empezar a desglosar este corto libro, primero entremos en contexto y entendamos las referencias históricas de aquel tiempo y poco a poco lo adaptamos a nuestro estado espiritual actual.

EXILIOUn poco de historia

            El libro de Hageo trata sobre los problemas que enfrentó el pueblo de Judá, al volver del cautiverio babilónico en 539 a.C. Mantiene estrecha relación con Zacarías 1-8 y Esdras 1-6. Hageo y Zacarías ministraron luego del retorno del exilio, cuando había gran interés en reedificar el templo. Sin embargo, Hageo critica severamente la pérdida de entusiasmo en la reconstrucción debido a las dificultades que los judíos enfrentaron al empezar a reedificar (Esdras 1-6).

            Al volver del exilio, comenzaron a reedificar el templo en 538 a.C. pero, el intento fue frustrado por la oposición local (Esdras 3:1-4:5). Por eso la tarea continuaba sin terminar, dieciséis años después, al inicio del reinado del rey Darío en 522 a.C.

            El 29 de agosto del 520 a.C. (cinco años antes que el segundo templo fuera terminado), el profeta Hageo recibió palabra del Señor en su primer mensaje llamando a los líderes a reedificar el templo. El problema era que la casa de Dios estaba en ruinas, mientras todos estaban ocupados en construir sus propias casas.

(Texto extraído del TcD es VV, mes Junio, 2013. Introducción Bíblica, página 18).

            ¿Para qué les escribo esta historia?, pues como verán, así estamos nosotros (a los que nos cuesta orar, y sentimos que buscar a Dios es la tarea más difícil). Si estás en la disposición de buscar el rostro de Dios en medio de la oración, entonces estás “volviendo del exilio espiritual”, pero no sabes que hacer, entonces, con tu permiso, me tomo el atrevimiento de ser una especie de profeta Hageo para mostrarte unos detalles en tu vida (y en la mía también) que cambiarán tu forma de ver las cosas.

            El libro de Hageo, se puede dividir en cuatro secciones. La primera es una exhortación a reedificar el templo, la segunda son palabras de aliento a los líderes, la tercera es una advertencia contra las ofrendas inmundas y por último trata sobre la promesa mesiánica. En este escrito me enfocaré en la primera y la tercera, vitales para nuestra vida de oración.

Testimonio-del-Templo-del-Salomón-580x342Entre la casa y el templo

“¿Y acaso para ustedes si es tiempo de vivir en casas lujosas, mientras que mi templo está en ruinas? Yo, el Señor Todopoderoso, les digo que piensen bien en su conducta.

Ustedes siembran mucho, pero cosechan poco; comen, pero no se sienten satisfechos; beben, pero se quedan con sed; se abrigan, pero no entran en calor; y el que trabaja a jornal recibe su salario en saco roto.” (Hageo 1:4-6. TLA).

            La pregunta inicial de estos versículos, trata de dos puntos a tratar: la casa y el templo (o nuestra casa y la casa de Dios). Dios hace una diferencia entre nuestra “lujosa casa” y su “templo en ruinas”. La casa, alberga y se ocupa de lo físico y terrenal, pero en el templo se mueve lo espiritual. La oración es espiritual no algo físico, así que Dios hace una muy buena distinción entre lo físico y lo espiritual con esa pregunta. Recuerda que no estás leyendo esto para que yo te diga lo que tienes que orar cada día, sino para sepas el por qué te cuesta orar, y ya casi estamos llegando.

Ya tenemos claro algo, la oración es espiritual y no físico, por lo tanto los problemas para orar no se encuentran fuera de nosotros, sino dentro de nosotros. La casa es donde nosotros moramos, donde nuestra personalidad nace y crece, pero el templo (o la casa de Dios) es donde Dios mora. Así que, te diré algo: tu casa está bien, tiene lujos y es cómoda; pero tu templo, destinado a Dios, está en ruinas. El reflejo de un templo en ruinas es la falta de oración y búsqueda de Dios. Lo de afuera no afecta lo interior, a no ser que tenga prioridad en nosotros.

Hay algo que está pasando en nuestra vida, tal cual como se ve en el verso 6. Para resumir ese verso: “cosechamos menos de lo que sembramos, o recibimos menos de lo que damos”. En nuestra vida, tratamos de orar, nos esforzamos por buscar de Dios, pero lo que sentimos o recibimos de Él es menos de lo que esperamos, en relación al esfuerzo que hicimos. Eso agota al pasar el tiempo, y Dios lo sabe.

Ya entendimos que nuestra prioridad es el templo espiritual que hay en nosotros, y que la oración es espiritual por lo que tiene que ver con el templo y no con nuestra casa, pero dejemos este tema en pausa (“stand by”)  y hablemos de otro, sobre las ofrendas que como cristianos le damos a Dios, después les diré porque.

handsUna ofrenda a Dios

“Supongamos que un hombre lleva carne consagrada (santificada) envuelta en su capa, y que el borde de la capa toca pan, guiso, vino, aceite o cualquier otra comida: ¿quedará por eso consagrada la comida? Los sacerdotes contestaron que no.

Entonces Hageo continuó: Pero supongamos que alguien, que ha quedado impuro por haber tocado un cadáver, va y toca también cualquiera de estas cosas: ¿acaso ellas no quedarán impuras? Los sacerdotes contestaron que sí.

Entonces dijo Hageo: El Señor lo afirma: Lo mismo pasa con esta gente: todo lo que hacen y todo lo que me ofrecen es impuro” (Hageo 2:12-14. TLA, paréntesis agregado).

            El ejemplo es algo sencillo de entender. Alguien que tiene algo santificado envuelto toca otras cosas, y éstas no se santifican por el simple hecho de ser tocadas por lo que envuelve lo que sí está santificado. Alguien que ha tocado en cadáver ha quedado impuro, y toca estas mismas cosas, y éstas quedan impuras, por el simple hecho de ser tocadas. ¿Y que tiene eso que ver con nuestra vida de oración?, pues tiene que ver, y en TODO, pero vamos con calma y primero aclaremos unos puntos antes de continuar.

            Una ofrenda es todo aquello que le damos a Dios. Ahora bien, ¿qué ofrendas le damos a Dios?, es simple, para resumir todas las actividades que hacemos para Dios, éstas se resumen en dos: el servicio para Dios y la comunión con Él.

            El servicio abarca el aspecto de la obediencia. Para nosotros los músicos, tocar un domingo es nuestro servicio a Dios, para un predicador, hablar de Dios en una congregación es su servicio a Dios, para los que trabajan como protocolo en una iglesia, su trabajo al saludar a las personas, ubicarlas en sus puestos es su servicio a Dios. Evangelizar, llevar el mensaje de Jesús a los demás, es nuestro servicio a Dios como cristianos, en fin un acto de obediencia. Todo ese tipo de cosas, implican obediencia a Dios y al hacerlo lo hacemos como ofrenda.

            La segunda ofrenda (y es ésta, en la que nos vamos a enfocar) trata de la comunión con Dios. Ésta abarca la búsqueda de conocimientos, la lectura de la palabra del Señor, la confianza en Dios, y sobre todo, la oración. Bien sabemos que orar significa conversar con Dios, y el conversar implica hablar y escuchar. Hablamos con Dios cuando le decimos nuestros problemas, nuestras angustias o le pedimos nuestros deseos, y le escuchamos cuando leemos su palabra en la biblia e inclusive mientras hablamos con Él también. Buscamos conocimientos al ir los domingos a aprender de Dios, también cuando leemos la palabra, y poco a poco nuestra confianza en Dios va aumentando porque lo conocemos mejor; pero la situación se vuelve difícil cuando empezamos a orar.

            Nos dicen que cuando oramos grandes cosas suceden, que en la oración está el cambio de nuestra vida, ¡en la oración hay poder!, Dios obra en medio de la oración, entre otras buenas frases, pero… el punto es que nosotros no lo sentimos así ¿verdad?, ¿y por qué? La clave está en entender la ofrenda pura o impura que damos.

Pero también hay otro detalle, aparte de la ofrenda, pues también debemos tomar en cuenta el lugar donde le damos esa ofrenda a Dios, y es ahí donde volvemos con el tema de nuestro templo para Dios.

praying_man_at_altarLa ofrenda y el templo

            En el antiguo testamento, el templo fue creado para Dios. Es una estructura dedicada, única y exclusivamente, para albergar el arca del pacto y así hacer que Dios descendiese y su presencia se pudiera sentir. Es decir, el lugar en la tierra donde Dios se siente. Ahora bien, cuando Jesús muere en la cruz, el velo del templo fue rasgado de arriba hacia abajo, como señal de que fue Dios quien permite que podamos entrar a su presencia sin que una estructura física lo limite, es decir, cambia el templo físico por un templo espiritual. Dios cambia los bloques y habitaciones del templo, por la vida y el corazón de las personas que le buscan. En fin, el que se haya roto el velo del templo nos brinda la seguridad de que nosotros somos templo y morada del Espíritu Santo, no unas paredes y un techo.

            Ya entendimos algo, nosotros somos ese templo del que hemos venido hablando, pero ¿qué tiene un templo que no tenga una casa común?, si al fin y al cabo, ambas tienen puertas, paredes, techo y habitaciones. Hay algo muy preciso que tiene un templo a diferencia de una casa, y es que el templo posee un altar.

            El altar es el lugar (una mesa, una pequeña tabla o roca, sostenida por pilares de baja altura) donde se hacen ofrendas o sacrificios. Ya vamos poco a poco llegando al tema que queremos saber. Si bien ya no hablamos de un punto físico sino de uno espiritual, ¿cómo es ese altar espiritual? Antes de seguir hablando del altar, volvamos ahora al asunto de las ofrendas.

            Por dos razones nos cuesta orar, una tiene que ver con las ofrendas y la otra con nuestro templo. En cuanto a la primera, sabemos que la comunión con Dios y el servicio para Él son las ofrendas que le damos, y es esa misma razón por la cual nos cuesta orar. Te diré el por qué. ¿Recuerdas la historia de la carne santificada que toca los alimentos, y el hombre que ha tocado un cadáver?, pues ahí se encuentra una verdad. Pues Dios dice: “todo lo que hacen y todo lo que me ofrecen es impuro”. Vamos a llevarlo a nivel espiritual: “toda la oración que hacemos a Dios es impura, y es impura porque ha tocado un cadáver”. ¿Y cuál es ese cadáver? Simple, la falta de valor, el desagradecimiento y el desinterés. Sí, esas cosas son cadáveres espirituales que afectan nuestra ofrenda a Dios.

            Verás, te diré algo un poco duro pero cierto. Tu oración no es contestada porque es impura para ser como ofrenda a Dios, y es porque has tocado varios cadáveres antes de entregar tu oración. El primero, la falta de valor. Cuando tu mamá, o tu papa, te levanta de temprano para que vayas al colegio, y dices: “otra vez vienen mis padres a fastidiarme la vida” (o algo parecido) y luego haces una oración por ellos, para que les vaya bien, ésa es una oración hipócrita. Dios no va a bendecir esa oración, no porque Él no quiera, sino porque tú no quieres que sea bendecida tu familia. Si te fastidia el trabajo que tienes, y hasta odias estar ahí, o no valoras a tu jefe, tus oraciones por ese trabajo no serán escuchadas, porque a ti no te interesa que Dios te bendiga, tu actitud ante las cosas afecta el valor que le das a esas cosas.

            Si eres de los que bota basura a la calle, o no respeta las señales de tránsito, no ores por tu país, porque Dios no va a escuchar una oración impura, cuando no valoras tu propio país. Pocos de los que están leyendo esto han estado al borde de la muerte, o que algún familiar suyo haya estado al borde de la muerte, y es por eso que no sabemos valorar nuestra propia vida o la vida de otros. Oramos para que nos vaya bien, y al despertar lo primero que sentimos es fastidio, desánimo y casi que maldecimos el día con buenas palabras, pues no ores para que te vaya bien, pues desde que despertaste no te interesó ese día.

            Estoy seguro que antes de que leyeras esto, has buscado ayuda con líderes, pastores, etc., sobre cómo puedo orar. Y les han dicho que empiecen por darle las “gracias a Dios”. Excelente consejo pero ¡Ahí está el detalle de nuestra oración!, no es que le demos gracias a Dios, sino que nos sintamos agradecido con Dios. Si no valoramos lo que tenemos, ¿cómo le voy a dar gracias a Dios, si no me importa lo que tengo?

            ¿Por qué nos cuesta orar?, porque no le hemos dado el valor correspondiente a lo que nos rodea, y lo primero que tenemos que entender es que hemos llegado aquí a la tierra sin nada, y con nada nos iremos también; así que todo lo que tenemos es porque Dios quiso que lo tengamos, aprendamos entonces a darle el valor a todo. No ores por tus padres, si cuando estás con tus amigos eres el chistosito, el cómico, o el elocuente del grupo; pero cuando sales con tus padres eres totalmente diferente e indiferente con ellos, pues no te interesa estar con tus padres, sino con tus amigos. ¿Cómo tratas a tus amigos y como tratas a tus abuelos? ¿Alguna vez ha valorado el aire que respiras?, pues los que han estado a punto de morir ahogados ellos sí lo valoran y mucho. ¿Alguna vez ha valorado el trabajo que tienes?, pues hay mucha gente sin trabajo, rogando a Dios por uno, que si valoran lo que es tener un trabajo. ¿Alguna vez ha valorado a su familia?, pues hay prostitutas que si valoran lo que es tener una familia, y no estar en ese mundo. ¿Alguna vez ha valorado el haber conocido a Dios, y estar a su servicio?, pues el fin de los tiempos mucha, pero mucha, gente empezará a valorar estar con Dios.

            A los que somos músicos en la iglesia. No nos interesa estar allá en el altar tocando. Nos encanta tocar, pero no nos interesa espiritualmente. Por eso es que muchas veces no se siente la presencia de Dios, porque si entendemos que como grupo musical, en unanimidad de espíritu, hacemos que las personas sientan a Dios, ahí le daremos importancia y valor a lo que hacemos los domingos. Hay personas que no sabemos de dónde vienen o qué cosas les han estado pasando, si sus hijos le dijeron que los odian, o si han perdido su trabajo, o entre otras cosas que lo más seguro no se comparen con las nuestras; y no las dicen por pena o por otras razones, pues ellas vienen un domingo con la esperanza de poder sentir a Dios y estar seguros de que Dios está con ellos. Ese domingo nos mirarán con sus ojos espirituales y nos pedirán que le ayudemos a sentir a Dios, y mi pregunta es ¿esa vida te interesa, o estás allí solo para tocar?

            Por eso Dios dice que sembramos mucho, pero cosechamos poco. Que lo que ganamos por el trabajo lo colocamos en saco roto. Nos esforzamos por completar un tiempo de oración, como si Dios tuviera un reloj y mirara cuanto tiempo has orado. De nada te vale orar mucho, si lo que te importa es poco. ¿Quieres un cambio para tu familia?, primero piensa ¿te interesa tu familia? Si te aburre ir a la iglesia, ¿por qué oras por tu iglesia?

            Ya sabemos una parte del por qué nos cuesta orar, pero ahora viene otro aspecto. Sabemos que la oración es una ofrenda a Dios, y las ofrendas se hacen en un altar. El altar está en un templo, y nosotros somos un templo para Dios ¿o sólo somos una casa? De ahí viene otras preguntas, ¿somos una casa o somos un templo?, para que seamos un templo tenemos que consagrar nuestra vida para que la presencia de Dios se sienta y crear un altar para que nuestra ofrenda sea llevada a Dios.

            Para que seamos un templo, necesitamos construir un altar para Dios. Al crear ese altar, seremos inmediatamente un templo y podremos dar nuestra ofrenda como debe ser. Ese altar, lo debemos construir y debe ser duradero y siempre estar disponible para cualquier ofrenda. Tres cosas son permanentes, el amor, la fe y la esperanza. Pablo lo denota muy bien, y resalta que el más importante de todos es el amor. Ése es nuestro altar de tres pilares, donde colocamos nuestra oración. Una oración (ofrenda) en el altar del amor, la fe, y la esperanza.

            Si es un altar para Dios, nuestro amor debe ser para Dios, nuestra fe para Dios y nuestra esperanza es para Dios. Si realmente somos un templo para Dios, estas tres cosas deben formar parte de nosotros, de la estructura de ese altar en nuestra vida. En el templo Dios descendía en el antiguo testamento. Dios es amor, si sentimos amor por todo lo que hacemos y pensamos, es entonces cuando Dios desciende y nuestra ofrenda será pura para Él.

            No te diré lo que tienes que hacer o lo que debes orar a Dios, pero ya sabes por qué te costaba orar y ahora cada vez que vayas a orar asegúrate de que no toque un cadáver y de tener disponible ese altar para Dios.

            Cuando te aseguras de que tu ofrenda es pura, y en tu altar hay amor, fe y esperanza; no hay nada que interrumpa tu oración. Como te dije, lo de afuera no afecta lo espiritual a no ser que tu prioridad sea lo de afuera. Y la oración es espiritual, no un acto físico. Cuando oras lo más seguro es que te distraigas, pero recuerda lo que te dije, lo de afuera no afecta lo interior. El teléfono no te distrae en tu oración, el televisor no te distrae en tu oración, el “Facebook” no te distrae de orar; somos nosotros los que nos distraemos con esas cosas, porque le damos más importancia.

            Cuando la palabra del Señor dice que cerrada la puerta de tu aposento ora a Dios, hace referencia a separar lo de afuera con lo interno. Que lo físico no interrumpa lo espiritual. Hay cosas físicas que le damos importancia, como el desinterés, la falta de valor y el desagradecimiento que hacen impuras nuestras ofrendas a Dios, pero si le cerramos esa puerta a lo físico, nuestra ofrenda será pura y agradable a Dios.

            Y no confundas una oración no contestada, con una oración impura. Si Dios no te ha contestado es porque no es el tiempo. Para saber si es impura o hay que esperar la respuesta, es lo que nos define como verdaderos adoradores que le buscan en espíritu y verdad, busquemos conocer de Dios para saber si lo que hacemos es la voluntad de Dios.

orarPara terminar

            No dejes de orar. Todos nacimos con el talento y el don para orar (si es que existe un don para eso). Dios nos creó con la necesidad de buscarlo a Él, y por medio de la oración es que existe una comunicación mucho más directa. Si Dios nos creó para buscarlo, es de esperar que hayamos nacido con el talento para orar, para así buscar de Dios. Todos podemos orar como nuestro pastor o líder, pero ahora ya sabes por qué nos cuesta orar. Hay otros aspectos de la oración como la intercesión, reprender demonios en la oración, la sanidad en medio de la oración que poco a poco vamos a ir aprendiendo a medida que buscamos de Dios; pero la oración personal es el comienzo de toda una vida consagrada para Dios.

Entre la Obra y la Fe

Ha existido un debate entre los cristianos y no cristianos sobre si hacer buenas obras, o simplemente tener fe, ya que es algo que no se enseña muy a menudo o se distorsiona a nuestro favor para tener una falsa sensación de “hacer lo correcto”. Pero Pablo en una de sus cartas nos muestra cual debe ser la relación entre la obra y la fe, pero hay un aspecto que muy pocas veces tomamos en cuenta y la razón por el cual no se completa, o se pospone, las obra de Dios en nuestra vida, iglesia, trabajo, universidad, etc.

Santiago habla sobre la fe, con y sin obras, en el capitulo 2 verso 17, del cual aprendimos que la fe sin obra es muerta en sí misma, es decir, confiar en Dios y no demostrarlo con hechos, pues simplemente eso para Dios no vale o esperar que el Espíritu Santo te ayude a resolver tus problemas pero no hacer algo para solucionarlos, no hará que tu fe por la respuesta sirva para solucionarlos. Así como la mujer que corrió hacia Jesús en medio de la multitud en busca de su milagro, y cuando llega, Jesús le dice que por su fe ya ha sido sanada, y así su fe se vio demostrado por el hecho de buscar tocar el manto de Jesús en medio de tantas personas o el ciego que gritaba con muchas fuerzas para que Jesús lo oyera y así le recobrara la vista, su fe se vio demostrada cuando a pesar de que la multitud le pedía que se callara, él gritaba cada vez más y así por fue sanado; y en la carta de Pablo para hebreos en el capítulo 11, se ven más ejemplos de una fe demostrada con obras.

Pero en este escrito, quiero mostrarte otro aspecto de la fe, cuando no está puesta en quien se debe sino colocada en otras cosas. Pero antes de hablar sobre esto, quiero contarte dos historias de la biblia en que se ve demostrada una fe puesta no en Dios aunque lo parezca:

Caminando sobre el agua…

En una oportunidad, Jesús le pide a sus discípulos, que se adelanten en la barca, mientras el se queda a despedirse de la gente y luego a orar. Cuando ya se alejaba la barca de la orilla, luchaban a contra viento y con grandes olas. Luego a lejos ven una figura que caminaba sobre el agua, y ellos pensaron que era un fantasma y Jesús les dice quien es él y que no teman, pero Pedro le dijo: “Señor, si realmente eres tu, ordena que yo camine también sobre el agua y vaya hasta donde tú estás.” Y Jesús le responde que venga hacia él.

Pedro empieza a caminar sobre las aguas hacia Jesús, y la biblia dice que él tuvo miedo al sentir la fuerza del viento y comenzó a hundirse, él pide ayuda y Jesús lo ayuda y le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Analicemos esto…

Una historia muy interesante del cual se ha sacado muchos temas con el mismo aspecto referente a este acontecimiento. Pero hoy quiero que lo veamos desde otro punto de vista. Empecemos cuando Pedro le dice que si de verdad es Jesús le ordene caminar sobre las aguas, y el le dice: “ven”. Ahora bien, Pedro entendió que cualquier cosa que Jesús ordenara eso se cumpliría pase lo que pase si se tiene fe en Jesús, pero entonces la pregunta que nos viene a la mente es: ¿Por qué dudó?

La biblia dice que Pedro al sentir los fuertes vientos que le golpeaban tuvo miedo y se hundió, pero cuando Jesús lo ayuda a no ahogarse, él no le pregunta por que tuvo miedo, sino: ¿por qué dudaste? Para entender esto, entremos en la mente de Pedro cuando estaba caminando. Pedro ve un hecho: caminar sobre las aguas, y ve a Jesús a lo lejos. Pedro confundió sobre en que debería poner su fe, su confianza, si en ese Jesús que se ve a lo lejos y no parece hacer algo o en que él puede caminar sobre el agua hacia Jesús. Cuando el ve y siente que está caminando sobre las aguas quizás sintió que Jesús le había dado la potestad de caminar sobre las aguas y puso su fe en lo que hacía y no en quien permitía que pudiera caminar sobre el agua. Al él poner su fe en lo que hacía (caminar sobre el agua) se exponía a que cualquier cosa derrumbe su confianza en lo que hace. Pedro tuvo miedo al sentir los fuertes vientos en tu cuerpo, pero el pide ayuda es cuando se empieza a hundirse, porque su confianza estaba puesta en que él podía caminar sobre el agua y al empezar a hundirse se dio cuenta que no podía y que su fe no valía de nada.

Cuando Jesús extiende su brazo para ayudarlo a no ahogarse, el dice la clave de lo que pasó: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?, en la versión traducida al lenguaje actual dice: “Pedro, tú confías muy poco en mí, ¿por qué dudaste? Allí se ve lo que realmente pasó, pues a Jesús no le interesa si tuvo miedo o no, sino el porqué no confió en Jesús sino en lo que hacía.

Esto nos brinda una gran enseñanza y es que: “La fe no debe estar puesta en la obra de Dios, sino en el Dios de la obra”

Cuando nuestra fe se fundamenta en la obra de Dios, esperamos que esta obra progrese a nuestra manera o de cierta forma, pero hay que recordar que esa obra no es nuestra, sino de Dios, y Dios hace lo que le plazca para que la obra se cumpla y sea de bendición; y cuando no suceden las cosas que esperamos que pasen, entonces es ahí donde dudamos de la obra de Dios, o si es Dios quien está con nosotros. Es muy fácil confundir nuestra fe en la obra de Dios y nuestra fe en el Dios de la obra, pues es muy similar pero con finales distintos.

Pero cuando nuestra fe se fundamenta en el Dios de la obra, podemos entender lo que pasa en la obra de Dios, y podemos “caminar sobre las aguas” entendiendo que no somos nosotros quienes podemos hacerlo, sino que es Dios que permite que caminemos sobre el agua. Y créeme, la fe puesta en la obra de Dios, puede ser derrumbada por cualquier cosa, pero la fe puesta en el Dios de la obra, ni teniendo miedo se puede derrumbar. Recuerda que puedes tener muchísimo miedo, pero lo que te puede hundir es dudar de aquel que permite que hagas cosas sobrenaturales, y siempre Dios te preguntará ¿dudaste o no dudaste?

Otra historia…

Todo buen cristiano conoce la historia de la traición de Judas Iscariote. Pero muy pocos nos preguntamos: ¿por qué lo traicionó? o ¿qué le hizo Jesús a Judas para que lo traicionara? En esta historia se ve como la fe puesta en la obra y en Dios es muy similar pero con propósitos distintos y con puntos de vistas distintos. Jesús había permanecido tres años junto a sus doce discípulos, enseñándoles la Palabra de Dios y entrenándolo. Entre esos discípulos estaba Judas Iscariote aprendiendo de Jesús cada día, pero ¿por qué una persona que tenía un buen puesto dentro del grupo de Jesús, llegaría a traicionarlo?

Es posible que Judas Iscariote perteneciera a los zelotes, que buscaban independizar Judea del imperio romano. Por lo tanto, Judas al ver que los “líderes religiosos” estaban en contra de Jesús y hasta él mismo decía que iba a morir, sintió que Jesús traicionaba la independencia de Judea, aquí vemos que para Judas, Jesús no lo era el todo, sino un instrumento para cumplir aquello en lo que tenía puesta su fe, que era esa libertad del imperio romano. Pero Judas le servía a Jesús porque veía que su propia obra se podía cumplir, y este servicio es muy similar al servicio de Pedro, Juan, etc. Pero vemos en lo que terminó cuando su fe estaba fundamentada en la obra y no en Dios que permite que se cumpla esa obra.

Para terminar…

El servir a Dios de corazón, y servir a Dios para cumplir nuestros propios propósitos son muy similares a simple vista, pero nuestra fe puesta en Dios, ni con todo el miedo que podamos llegar a tener, esa fe caerá, pues el miedo no derrumba la fe, sino la duda. Así como Pedro confundió entre lo que hacía y entre el que permitía que pudiera hacerlo o Judas Iscariote que le servía a Jesús solo porque veía que sus planes se podían cumplir con Jesús, y parecía que le servía de corazón, realmente su servicio era “por cumplir” y no por un sentir de amor a Dios.

Recuerden que la verdadera fe se basa en el Dios que permite que podamos hacer cualquier cosa y no en las cosas que hacemos aunque sea para Dios, la fe es para Dios.