La Gran Muralla

Hace varios días atrás estuve leyendo la historia sobre la gran muralla china y la relacioné con algunos aspectos que muchos cristianos tenemos en común, en el que creamos una especie de muralla para “protegernos” de ataques del “mundo”, o al menos eso creemos. Para empezar, y para los que no saben, les contaré brevemente la historia de la gran muralla china y la razón de su creación.

La construcción de la Gran Muralla China fue ordenada por el Emperador Qin, durante la dinastía del mismo nombre, para defender a su reino contra las tribus nómades merodeadoras; y continuó a través de las sucesivas dinastías chinas. Contrario a lo que puede creerse, su propósito no era tanto el de impedir la entrada a China de las tribus nómades del norte y los manchúes, sino el de evitar que robaran propiedades y escaparan de China.

Después de la formación de la Dinastía Qing, la muralla no tuvo ningún uso funcional, ya que el país se encontraba entonces gobernado por la misma gente a la cual se quería mantener alejada con la constucción del muro. Entonces, se convirtió en una fuente de materiales de construcción para las aldeas y pueblos cercanos, que contribuyeron a su deterioro y destrucción.

Entonces, la gran muralla china realmente no evitó que entrasen los enemigos de china por el norte, ya que muchos pagaban a los vigilantes para que los dejara pasar, y después su función cambió y se volvió para otros beneficios en lugar de la protección de la nación. Pero, ¿cómo lo relacionamos con aspectos cristianos?. En nuestra vida “cristiana” luchamos constantemente contra los deseos de la carne, el diablo, tentaciones, etc. pero llega un punto en el que empezamos a crearnos una muralla de ideas propias para “evitar” perder lo que llamamos nuestra salvación.

Por lo general, creamos 3 tipos de murallas, muchos tenemos las tres en conjunto y algunos tenemos solo un tipo de estas tres murallas:

1era Muralla: Una imagen de Dios.

“Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, luego el hombre crea un “dios” a su imagen y semejanza.”

Hace poco escuché una predica del pastor Paul Washer titulada “10 acusaciones contra la iglesia”, y decía que lamentablemente muchos cristianos, por no decir la gran mayoría, no conoce realmente a Dios, y por ello se crea como una especie de imagen de Dios para sentir que está mas cerca de Dios, cuando realmente no lo está. Cuando me refiero a una imagen de Dios, no lo digo físicamente sino mentalmente, un dios muy distinto a Jehová, pero un dios fácil que podamos comprender.

Muchas veces no aceptamos las responsabilidades que conlleva el seguir a cristo y obedecer a Dios, y poco a poco nos creamos otra imagen de Dios para nuestra conveniencia y así sentimos que hacemos “¿lo que dios quiere?”. Al no conocer realmente a Dios, nos “tragamos” frases como: “Dios quiere que…“, y no sabemos si es así o no, pero como no conocemos a Dios, creemos que él quiere que hagamos tales cosas; o “Dios te dice que…“, cuando realmente repiten las mismas frases que Dios ha prometido en la biblia, pero como pocos la leen, creen que ellos tienen una palabra fresca y ungida por Dios. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.” (1era Juan 4:1). Dios tiene un carácter completo, es fuerte y celoso como también es grande en misericordia y en amor a quienes cumplen su voluntad.

2da Muralla: Vivir bajo miedo.

– De ir al infierno: Un miedo es un límite para lograr muchas cosas, a veces tal es el miedo que sentimos que hacemos cosas que normalmente no haríamos o hacemos cosas que no entendemos pero que por miedo lo hacemos. El hacer cosas por Dios, sólo por el miedo de ir al infierno es como hacer las mismas cosas pero de mala manera, es decir, no va a funcionar como debe. Se nos olvida que Jesús murió por nosotros y precisamente él pago la deuda que teníamos y ahora somos salvos, pero ahora nuestros mismos hermanos nos amenazan con ir al infierno si no asistimos a la iglesia, si no hacemos lo que el pastor diga, etc. y empezamos a hacer las cosas no por amor, si no por miedo. Gran error, recuerda: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1era Juan 4:10). No hagas las cosas para Dios por miedo, sino por amor a Dios. Dios no condena a quien actúa con amor, pero no se que hará quien hace cosas por él por miedo.”El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Si tienes amor, tienes a Dios en tu corazón.

– De lo que digan los demás: cuando me refiero a “lo que digan los demás” es con líderes de iglesias, pastores, consejeros, ministros, apóstoles, predicadores, maestros, etc. no nos damos cuenta que ellos NO son Dios, son instrumentos de Dios. Lamentablemente empezamos a vivir para los demás en lugar de vivir para Dios. Quiero que quede claro que No estoy confundiendo respeto y obediencia a pastores y líderes, con vivir para ellos y para sus gustos.

– De aceptar lo que somos: Somos pecadores y nos equivocamos mucho, y lo digo porque nos hacemos una idea para otras personas como predicadores, pastores y líderes en la que los vemos como gente perfecta, y cuando empezamos a ver sus defectos, como todo ser humano los tiene, ahí dejamos de creer lo que dicen. Es por ello que pedir perdón a Dios cada día es importante, porque realmente no sabemos en que vamos a fallar o en que nos vamos a equivocar, pero lo relevante es que Dios cada día nos perdona y nos da nuevas oportunidades para seguir.

Puede traer mucha frustración el no aceptar nuestros defectos, en inclusive colocamos nuestros defectos por encima de nuestras virtudes y es cuando la frustración llega a nuestras vidas y creemos que no podemos hacer algo por Dios. Dios siempre quiere bendecirte, pero debemos prepararnos para recibir tales bendiciones. Jesús se preparó 30 años y sirvió a Dios 3 años, pero fue con excelencia y con amor para con nosotros. El no aceptarnos como somos impide que seamos sinceros con Dios, y confundimos el querer ser agradable con el ser sincero con él, y se nota en nuestras oraciones, que olvidamos decirle las cosas en las que fallamos y empezamos a decirle las cosas que hemos hecho, y por desgracia nuestra oración se convierte en una extensión de nuestro propio egoísmo ante Dios.

3era muralla: El aislamiento religioso.

“Jesús aquí en la tierra no se la pasaba con el mundo, era el mundo que se la pasaba con Jesús.”

Lo que yo defino como aislamiento religioso, es el encierro mental y espiritual en un mundo que para nuestra idea es más “seguro” y fuera de cualquier cosa o pensamiento que pueda alterarla. Ahora bien, ¿por qué ocurre eso?. La razón podrían ser 2 aspectos en nuestra vida:

– Iluminar o contagiarse: Profesamos ser victoriosos en Cristo, y que el enemigo está en nuestros pies, pero algunos tienen una extraña idea de que si salimos al mundo nos contagiaremos de sus pensamientos en lugar de iluminarlos con sabiduría a aquellos que necesitan de Dios; después de decir que todo lo puede en Cristo, no pueden iluminar a otros por miedo a contagiarse de lo, que llaman, “mundano”, entonces se crean un aislamiento en el que sólo “crecen para Dios” y para salvarse ellos mismos, ¿y los demás?. Si estuviesen regalando mucha comida a 2 cuadras de tu casa y te enteras, ¿a quien le dices primero?, a tu mama, papa, hermanos, amigos, familia; y si sabes que en Dios hay paz, tranquilidad, vida, y salvación, ¿a quien le dices primero?. No comentas el error de iluminar en un lugar lleno de luces, ilumina en lugares donde no haya luz. “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;” (Mateo 28:19). Y no te preocupes si te vas a contagiar del mundo, si realmente confías en Dios, eso no va a pasar, recuerda aquel versículo: “…¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15)

– Inspirar o imponer: La comunicación es como un arte en el que tratamos de convencer a otros sobre nuestro punto de vista, eso dicen muchos estudiosos de la lengua en general, y eso incluye también a predicadores que frente al altar nos traen una palabra nueva cada día de Dios, pero no todos tenemos el talento de convencer a otros o de poder llevar a los demás algunos mensajes de Dios, o lo que yo llamo el talento de inspirar a otros. Entonces personas empiezan, por no pedir ayuda a Dios, con la acción de imponer a otros sus ideas. También por la forma de ser de tal persona, esta evita que otros aspectos alteren su forma de pensar por lo tanto tratan de imponerlo a otros, creando así un aislamiento religioso y evitando las bendiciones para su vida.

Si tienes algunas de estas murallas en tu vida, habla con Dios, y verás como aprenderás a ser un mejor cristiano, aunque no exista el cristiano perfecto, se puede ser lo mejor para Dios. No trates de agradar a Dios con mentiras solo para quedar bien, mejor aún, sé sincero con él. Confía plenamente en él cuando llegues al acantilado de tu caminar, verás que dos cosas pueden pasar, o Dios te sostiene cuando caes o Él te enseña a volar.

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Nuestro Dios Como El Sol…

Escuchando una predicación hace varias semanas atrás, el pastor resalta, superficialmente, una frase que me dejó pensando un buen tiempo y decidí  investigar mas al respecto. Mostraba como podíamos visualizar la idea de Padre, Hijo y Espíritu Santo en uno sólo, pero cada uno distinto. La frase es la siguiente: “Nuestro Dios es como el Sol, la luz que emana de el es Jesucristo, y el calor que produce es el Espíritu Santo, siendo El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo el mismo Sol”.

A mi particularmente me atrae muchísimo temas referentes a la astronomía y la inmensidad del universo, así que tal comparación para mi fue una forma muy interesante de ver la santa trinidad. Este tema puede llegar a convertirse en algo muy extenso debido a la gran cantidad de puntos de vista , tanto en la vida secular como en la vida cristiana. Aunque ya es un poco confuso esta idea, trataré de aclarar esta percepción con una buena analogía, y recuerda es una “analogía”, no es literal lo que voy a escribir.

El Sol: También llamada estrella, es una gran esfera de plasma comprimida, el cual es el único elemento en el universo capaz de crear su propia luz, a diferencia de los planetas que sólo pueden reflejarla. El Sol tiene una particularidad de generar “Gravedad” en el cual todas las cosas que lo rodean se mantienen en su poder mediante una fuerza de interacción y atracción entre objetos. En nuestro sistema solar, el sol representa en 98% de la masa total del sistema, lo cual refleja su increíble importancia. El sol tiene muchas cosas en común con nuestro Dios, ya que es el centro de nuestras vidas y todo fue creado, por el, para el y gracias a él. Mientras más cerca estemos de Dios, más notaremos su “gravedad” y sentiremos esa atracción.

¿Por que sentimos que Dios no está?, al igual que el sol, mientras más lejos nos ubiquemos, menos efecto tendrá su gravedad sobre nosotros, y mientras más cerca, mayor será tal atracción, entonces, somos nosotros los que nos alejamos de Él. Aunque el Sol no permite que objetos dentro de su alcance gravitatorio se alejen de el, Dios nos regaló el libre albedrío, pero siempre esperará a que vuelvas y compartas otra increíble cualidad que posee un sol, que es su calor.

El Calor: Es una energía que fluye de los cuerpos que se encuentran a mayor temperatura a los de menor temperatura, el cuerpo que recibe su calor aumenta de temperatura. El calor es como El Espíritu Santo, mientras más cerca de Dios, mayor será nuestra relación con el Espíritu Santo y aumentaremos nuestra santidad. Un cuerpo celeste que se encuentre lejos de su Sol, es increíblemente frío, en cambio uno que se encuentre cerca, es increíblemente caliente, así también ocurre en nuestra vida cristiana, cuando nos acercamos más a Dios, el Espíritu Santo fluye a través de nosotros aumentando nuestra santidad.

Se cree que la temperatura del universo, lejos de cualquier sol es de 2,7626ºK (-270,3874ºC) y la temperatura de la superficie del sol es de 5778ºK (5504,85ºC). Si relacionamos la santidad con la temperatura, veremos que Dios es inmensamente Santo, y nosotros no tanto, es por ello que mediante calor es que aumentamos nuestra temperatura para alcanzar tal nivel. El calor es una energía que fluye, así como Jesús nos dejo el Espíritu Santo para que fluya su santidad a nosotros, pero para ello, debemos estar cerca de Dios para ser tocados por el calor del Espíritu Santo. No podemos recibir el calor del Espíritu Santo si no estamos cerca de Dios.

La Luz: La luz es una energía electromagnética radiante que puede ser percibida por el sentido de la vista. Se trata del rango de radiación del espectro electromagnético. Jesucristo es como la luz del Sol, gracias a la luz sabemos que existe un sol, es por ello que Jesús dice en Juan 14:6 “…nadie viene al Padre sino por mi.” La luz es una onda electromagnética muy extensa y solo una pequeña parte de ella es lo que llamamos luz visible y lo demás no lo podemos ver (luz ultravioleta, gamma, infrarroja, radar, cósmica, etc.) es por ello que me recuerda el porque Jesús hablaba en parábolas y decía cosas que muchas personas no entendían.

La luz de un Sol tiene 2 cualidades muy parecidas pero distintas, su luminosidad y su brillo. Parecen exactamente mismos conceptos pero en realidad no lo es. La luminosidad es la cantidad de luz o energía que un objeto irradia hacia todas direcciones. El brillo tiene un significado similar pero depende de la distancia en la que nos ubiquemos. En conclusión, el brillo depende fundamentalmente de la distancia a la que nos encontremos de tal objeto, mientras que la luminosidad es una propiedad física. Cuando conocemos a Jesús por primera vez, vemos una simple luz, y sea de esperanza o de salvación, pero cuando nos acercamos a esa luz vemos de donde proviene, y empezamos a dejar que su luz brille cada vez más en nosotros, y cuando nos alejamos, su luz brilla cada vez menos, pero la luminosidad de nuestro Dios es la misma, pero el brillo que recibimos depende de nuestra distancia con Dios.

Algunas contradicciones religiosas

Nuestro Dios es como el Sol, la luz que irradia es Jesucristo y el calor que produce es el Espíritu Santo. A veces me pregunto si ¿puede existir alguna estrella que no brille, ni que tenga calor? ¿O un gran brillo y calor sin que proceda de algún sitio? ¿Alguna estrella que no tenga gravedad?. Si objeto no posea luz propia, no es considerado un Sol. Muchas religiones tratan de crear dioses que brillan, pero en realidad son como “lunas”, son el reflejo de algo que los ilumina mas no tienen luz propia, Dios no tiene quien lo iguale, solamente tiene copias baratas y sin sentido creadas por el hombre para confundir.

A veces creemos solo en un Dios que no brilla ni que nos da calor en momentos fríos, o en una luz que no tiene procedencia, o tal vez en un calor que nos abriga que no provenga de ningún sitio. Muchas religiones tratan de separar lo que Dios unió, solo para confundir y separar. Dios sabe lo que hace y todo tiene un propósito.

La Culpa Es De…

Hace tiempo atrás, escuché una frase que dice así: “Errar es de humanos, pero echarle la culpa a alguien es mas humano todavía”. Por muy cómica que parezca esta expresión, no le quita validez ni credibilidad a su argumento. Desde nuestra niñez, se nos enseña la responsabilidad, ya sea de forma explícita o implícita, como también a asumirla. Pero cuando conocemos las consecuencias de no cumplir con tales responsabilidades es cuando nos damos cuenta de la importancia de ello. Buscando algo de información referente al significado de culpa, me encuentro con una definición muy clara: “falta, delito o pecado que comete voluntariamente” siendo la falta, como el acto contrario al deber u obligación.

En la sociedad actual, el sentimiento de culpa es muy común por diversas razones, pero tenemos la elección de aceptarla o tomar otro camino que al parecer es más fácil, que es el culpar a otros. Esta acción de culpar a otros lamentablemente es mas común que el simple hecho de aceptar tal consecuencia. En el trabajo, la familia, universidad, escuelas, gobierno, amigos, y más, podemos ver tales acciones para evitar ese sentimiento de culpabilidad o las consecuencias de tal error.

Ahora bien, aquellos que vivimos en una vida cristiana no estamos exentos de tal caso, la diferencia está en quien culpamos. Y no es por desafiar doctrinas en iglesias ni nada por el estilo, sino que muchas personas están adoptando la idea de no aceptar ciertas consecuencias sólo por el echo de que Dios esta con ellos. Ahora los cristianos tienen un nuevo culpable: “El Diablo”. Todas aquellas malas situaciones que nos pasan, es culpa del diablo; si nuestro hijo se enferma, es culpa del diablo; si me despiden del trabajo, es culpa del diablo; así poco a poco nos quitamos ese sentimiento de que fuimos nosotros mismos los que fallamos.

Cuando no queremos orar o leer la biblia es por culpa de ese alguien más que nos estorba, y aunque en parte es cierto que el enemigo trata de evitar una comunicación agradable con Dios, también es cierto que a veces somos nosotros mismos los que dejamos el camino fácil para el enemigo entre a nuestra vida y haga lo que le encanta hacer en nuestra mente. Si dejas las puertas de tu casa abierta en la noche y con las luces apagadas, no te sorprendas que entre algún ladrón a robar, el problema está en que le echamos la culpa al ladrón y no nos damos cuenta de que fuimos nosotros que dejamos las puertas abiertas, pues así es el diablo esperando cualquier momento para entrar, pero de nosotros depende que puertas vamos a abrir y cuales cerrar. Jesús nos regala herramientas para afrontar las dificultades, pero nunca te dirá que serán fáciles, es ahí entonces cuando es mejor culpar al diablo por nuestras desgracias en lugar de afrontarlo y superarlo. Una búsqueda de Dios constante hará que te des cuenta de muchas cosas sobre ti y sobre tus acciones.

Pero ¿por qué le echamos la culpa al diablo?. Interesante pregunta que nosotros mismo podemos resolver. La primera razón es que Creemos en un Dios misericordioso pero que pocas veces creemos lo que dice, y pensamos que nuestros actos son imperdonables. Y la segunda razón, y que tal vez esta sea la principal por la cual culpamos al diablo antes que aceptar la culpa, es por nuestro orgullo. Como “cristianos perfectos” no aceptamos que somos como cualquier otra persona propensa a pecar o a equivocarse y, ya sea por el cargo ministerial que posea o por la doctrina que haya establecido en su mente, es más fácil dejar esa carga para no perder el “intachable” testimonio que profesa, recuerda que “un cristiano real no es perfecto, y un cristiano perfecto no es real – @pacopalafox”

El culpar a otros es nato en todo ser humano, desde la creación de adán y eva y la serpiente hasta nuestros días. Pero de nosotros depende si aceptar las consecuencias o pasar esta copa y seguir como si nada hubiese pasado.