Una respuesta ante la duda.

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«Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.»

— Mateo 14:28-29 (RV60). —

El panorama de la situación.

      La historia comienza en medio de un basto de espacio de agua, muy parecido a estar en el mar abierto. Una fuerte tormenta que levantaba las olas y golpeaba la inestable barca sobre el cual estaban los discípulos de Jesús, doblegaba la moral de algunos. Además, era de noche; la cuarta vigilia, según el sistema romano para la división del tiempo durante la noche, equivale a un horario (moderno) entre las 3 y las 6 a.m. lo que supondría el momento más oscuro de la noche, cuando falta poco para el amanecer, y el momento donde se debería estar descansando, no luchando contra una tempestad. Toda una fórmula para un desastre inevitable.

    Pero Jesús se aparece, caminado sobre ese mar inquieto, y pidiendo que se tranquilicen. No satisfecho con esto, Pedro decide pedirle al Maestro que le conceda el privilegio de caminar sobre las aguas para ver si realmente ese “caminante de las aguas” es el Jesús, su Maestro. Aún con la cantidad de veces que he escuchado esta historia, me pregunto ¿Por qué Pedro hizo eso?

      Esta no fue una situación nunca experimentada; antes, registrado en el capítulo 8, versos del 23 al 27, los discípulos viven una tempestad en una barca y en medio del mar pero a diferencia de que, al parecer, no era de noche y además Jesús se encontraba con ellos. Los discípulos se asustan y despiertan al Maestro pidiendo ayuda, y Jesús con solamente ordenarle al viento que se detenga, la tempestad se detuvo; todos quedaron asombrados por ese evento. Por lo tanto, estar en medio de una tempestad no era algo nuevo, sino una especie de “deja vú”.

      Volvamos a la historia inicial. Esta es la famosa historia de cuando Jesús camina sobre las aguas, y también vemos a un Pedro que lo hace. Pero hay una cierta intriga sobre el por qué Pedro le pide a Jesús caminar sobre las aguas para probar que realmente ese ser que camina sobre las aguas, que dice ser Jesús, es el hijo de Dios. Por lo general, nosotros como seres humanos comunes y corrientes, para convencernos de que alguien es quien verdaderamente creemos que es, buscamos un rasgo, una expresión, una cotidianidad en esa persona para asegurar lo que es. Entonces, en una situación, que es muy parecida a la antes vivida, la solución ante el dilema de: quién es la persona que camina sobre las aguas, sería buscar una evidencia sobre lo que Jesús haría, porque sólo él puede hacerlo. Algo como: pedirle que calme la tempestad, tal como en aquella ocasión lo hizo; convertir el agua en vino, como una vez sucedió; o hacer algún milagro que probara la afirmación que dijo sobre ser Jesús. En fin, pedirle hacer algo que sólo Jesús, haya hecho en algún momento de su vida.

      Pero no. Sólo un hombre, con un serio problema de impulsividad, se atrevió a pedir algo nuevo para probar que ese hombre era Jesús, ese hombre fue Pedro. El cual Jesús le otorgó el privilegio de caminar como Jesús sobre las aguas; aunque muchos hablan de su caída y hundimiento, no notan que realmente llegó a Jesús, pues Él sólo tuvo que extender su brazo para sostenerlo, lo que quiere decir que Pedro llegó a estar a la distancia de un brazo extendido, en conclusión, Pedro caminó hasta Jesús sobre las aguas.

      Probablemente nunca llegaremos a leer los pensamientos de las personas, mucho menos las que ya están muertas, pero podemos inferir e intentar comprender la forma de pensar de alguien por medio de lo que dice o, como en esta ocasión, por lo que quedó escrito que una vez dijo.

      Ahora bien, por medio de este escrito, quiero llevarte a tratar de entender la motivación por la cual Pedro dijo semejante cosa cuando vio a Jesús. Y lo haremos entendiendo lo que Pedro dijo. Cuatro frases conforman la petición total de este gran discípulo, con ello llegaremos a entender lo que él sabía de Jesús, y lo que podemos aprender con esa gran respuesta ante la duda sobre quién es ese que camina sobre las aguas.

* * *

«Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.»

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1.   Autoridad: «Señor, si eres tú…».

      Así comienza la famosa frase que le permitió a Pedro no ser uno del montón, y hacer lo que ningún otro discípulo ha hecho. Hay algo interesante sobre cómo inicia la respuesta y es ese “Señor”. El título de Señor, para Jesús, no fue un regalo divino de Dios, ni un derecho de nacimiento, sino que fue merecido y otorgado en el momento que Jesús toma tu lugar para pagar por tus pecados contra Dios. La biblia dice que fuimos comprados por precio de sangre, Jesús derramó su sangre y su vida para que nosotros no tengamos que morir en el infierno como realmente deberíamos. En el momento que nos salva de la condenación, Jesús se convierte en nuestro Salvador y también en nuestro Señor. Pero todo esto, para el momento en que Pedro lo dijo, no había ocurrido aún. Esto muestra lo que Pedro ve en Jesús. Aún sin merecer el título de Señor, Pedro ya lo ve como su Señor.  Pero, ¿qué significa Señor? Esto es, y pon atención: colocarse como siervo, ceder nuestro lugar, someterse a alguien, y sobre todo, otorgar autoridad en alguien. Todo esto es lo que implica la palabra (o título) Señor. Pedro entendía muy bien esto, y por eso inició la respuesta reconociendo la autoridad que allí se presentaba.

      En la academia militar, o en instituciones con un énfasis militar, notamos como los diferentes rangos presentan sus respetos y reconocen la autoridad por medio del saludo. Ahora bien, ¿haces esto mismo con Dios? No me refiero a levantar la mano a la cabeza y pararse erguido, sino que ¿en tu vida diaria reconoces la autoridad de Dios? En el libro de “Autoridad Espiritual” del autor Watchman Nee, muestra una gran variedad de ejemplos en toda la biblia, tanto del antiguo testamento como del nuevo, en el que se refleja la autoridad de Dios en la vida; ejemplos que normalmente usamos como clases de doctrina o en prédicas, el autor lo muestra pero con enfoque a la autoridad espiritual el cual no debemos tomar a la ligera.

      Entonces, algo vital para nuestra vida cristiana, es reconocer el señorío de Dios en nuestra vida, así como Pedro lo hizo, pues él decidió otorgarle autoridad sobre su vida a Jesús y colocarse como siervo suyo, con tan sólo decir: “Señor”.

        Luego continúa diciendo: “si eres tú”. Hay algo que me llama mucho la atención en la vida de muchas personas creyentes, y es que no se toman el tiempo para cuestionar si algo es de Dios, o no lo es. “Si lo dice el pastor, es verdad”, es en resumen la forma de pensar de muchas personas hoy en día y así evitan la fastidiosa tarea de leer la biblia para buscar la veracidad de lo que aprendieron. Me encanta un fragmento de la biblia cuando se dice: “probadme en esto”, lo que nos lleva a probar si realmente Dios está en esto o no. “Probad los espíritus” es otra forma de decir que busquemos en las escrituras si viene de Dios o no.

       Pedro tuvo la valentía de decirle al “caminante de las aguas” si realmente era el hijo de Dios o un farsante. Él entendía que las cosas son de Dios o no lo son. No hay punto medio. O algo nos lleva a Dios, o nos aleja de Dios, pero no nos mantiene neutros. Ese: si eres tú, condiciona la respuesta y petición de Pedro, es decir, si no es el hijo de Dios, no se cumplirá lo que sigue, pero si realmente lo es, entonces sí es de Dios. Y lo que sigue, en esta respuesta, es la continuación de reconocer a la autoridad.

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2.   Obediencia: «… manda que…».

      Esto muestra la consecuencia a reconocer la autoridad de Dios, que es la obediencia. Pedro no era un “llanero solitario” que se mandaba por su propia cuenta y hacía lo que “se le daba la gana”, sino que entendía el valor de la obediencia en la vida de un seguidor de Cristo. Sólo le otorgamos nuestra obediencia a quien creemos que posee autoridad sobre nosotros. Para obedecer, necesitamos reconocer quién es la autoridad, y nuestro problema más grande quizás no sea obedecer, sino el saber a quién obedecer. He aquí el asunto del por qué es tan difícil obedecer a Dios antes que al mundo, y es porque reconocemos la autoridad del mundo, de la sociedad actual, por encima de la de Dios. Y no es que obedecer a Dios sea difícil, lo difícil es dejar de decirle “Señor” al mundo y empezar a decírselo a Dios, porque ya sabemos lo que implica.

      “Manda que”, es el principio de la obediencia. Y esto es dejar que sea Dios quien nos dirija en la vida. Es darle el timón de nuestras acciones a Dios y simplemente obedecer a sus órdenes. Esa segunda frase implica el dejar que sea Dios quien tome nuestras decisiones, y aunque digamos que siempre ha sido Él quien las ha tomado, realmente somos nosotros quienes no dejamos que Dios tome el control. Un ejemplo de ello es lo siguiente: Por lo general oramos y ponemos en las manos de Dios la decisión que ya tomamos, pero muy pocas veces oramos y dejamos en las manos de Dios la decisión que vamos a tomar. Es decirle a Dios que bendiga lo que ya decidimos que vamos a hacer, en lugar de consultarle y pedirle su opinión sobre lo que en el futuro vamos a hacer. Dios no es un talismán de buena suerte, ni una lámpara de los deseos, Dios es quien tiene la moral para ser obedecido por todos.

      Haz un recuento de tu vida hasta este momento y toma nota sobre la cantidad de veces que decidiste obedecer a Dios en algo, o cuantas de las ocasiones en tu vida se refleja el “manda que” yo obedezco. Es una gran contradicción como cristianos que somos, decir que Jesús es nuestro Señor pero que no le obedezcamos. Obedecer es sencillo, lo complicado es obedecer a quien debe ser obedecido, y para nosotros el mundo es a quien obedecemos, por eso es fácil no creer en Dios, para no tener que dejar de decirle “señor” al mundo. Pero la vida de un cristiano no se debe caracterizar por su denominación, sino por su obediencia a la autoridad de Dios.

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3.   Propósito: «… yo vaya a ti…».

    Esta es la razón por la que nos llamamos cristianos, seguidores de Cristo. Ese “yo vaya a ti” implica el deseo de Pedro de ser como Jesús, y sobre todo, de estar donde esté Jesús. Esta una expresión de angustia espiritual, ¿qué hago yo aquí, si Jesús, mi Señor, está allá? Entonces yo iré donde Jesús se encuentre, porque soy su seguidor. Aquí se ve reflejada la historia de la vid y lo pámpanos, separados de Él nada somos; sobre lo de venir a Él los que estén cargados y descansar, Pedro entendía esto. Pero sobre todo entendía que todo lo que él haga, si no tiene el propósito de llegar Cristo, nada vale. Él no pidió que Jesús hiciera algo allá a lo lejos, sino tener el privilegio de estar con Jesús, de poder ir hasta Jesús.

     Ahora bien, ¿lo que haces, te acerca a Jesús, o te aleja de Él? Esta es una pregunta dura, para quienes sabemos que no siempre hacemos cosa para ir hasta Jesús, o para honrar su nombre y glorificarle. Cristo es nuestra meta, nuestro destino, nuestra razón de aún seguir vivos. Para ver la gloria de Dios en nuestra vida, debemos acercarnos a él. Y no es que Dios está a lo lejos esperando que nosotros hagamos todo el trabajo, es que Dios reconstruyó el puente el en abismo que nos separaba de Él, y que ahora nos toca cruzar para estar con Dios.

    El simple hecho de pedir ir hasta Jesús, involucra el hecho de alejarse del mundo. Caminar hacia Jesús es darle la espalda al mundo y fijar nuestra mirada en Jesús. Y no es fácil, darle la espalda al mundo es declararle la guerra en definitiva. Nuestro destino, determina nuestro rumbo. Si no sabemos que queremos ser, no importará lo que nos suceda. Pero si queremos que nuestro destino sea Cristo, nuestro rumbo empezará a direccionarse hacia Él.

    Es una mirada puesta en Dios, en el Cristo a quien seguimos. Ir hacia un sitio es cuestión de pasos hacia adelante, devolverse de algún lugar es cuestión de pasos hacia atrás. No puedes ir hacia Dios con pasos hacia atrás, sino lo contrario, y esto es poner todo tu cuerpo en esa dirección, y por ende tu mirada estará puesta en Cristo.

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4.   Sobrenatural: «… sobre las aguas.».

      Con esto concluye la respuesta de Pedro a ese tal “caminante de las aguas” sobre su afirmación de ser Jesús. Sobre las aguas, es una realización de lo que Pedro quería ser, como Jesús. Si Jesús esta, sobre las aguas, yo también; si Jesús sana enfermos, yo también; si Jesús predicaba las buenas nuevas de salvación, pues yo también; si Jesús en todo fue obediente a Dios, yo también lo seré; si Jesús dio su vida por lo que creía, yo también. Ese es el significado de ser un cristiano, no es solamente asistir a una iglesia, cantar, escuchar e irte a la casa, sino el hecho de ser como Jesús. Pero más allá querer caminar como Jesús sobre las aguas, Pero, con esta petición, quería probar si realmente era el hijo de Dios.

      Pedro sabía que sólo Jesús podía hacer las cosas que nadie puede, lo sobrenatural de Jesús era la prueba suficiente para mostrar a todos. Pero eso sólo es referente a Dios y Jesús, ¿qué hay de mi, un ser humano común y corriente? Ahí está la prueba del poder de Dios. Lo sobrenatural para Dios es lo cotidiano para Él, pero para nosotros significa “lo que no podemos hacer”.

       Lo sobrenatural marca el límite de nuestras fuerzas, representa todo aquello que no podemos hacer, pero que Dios si puede. Pedro, con esta petición, quería sentir lo que es tener el respaldo de Dios, y mostrar lo que Dios puede hacer a través de un ser humano que cree en Él y le obedece. “Caminar sobre las aguas” va más allá del tema más usado que es el caminar sobre los problemas y las dificultades. El caminar sobre las aguas no depende de nuestras fuerzas, sino de Dios en nosotros. Es lo que Pedro necesitaba saber para entender que ese “caminante de las aguas” era Dios mismo, obrando en él.

       El hecho de que Pedro caminó sobre las aguas, dio a entender a todos en la barca que quienes creen en Cristo, lo toman como su Señor y le obedecen, quienes procuran que sus acciones lo lleven a Cristo, y glorifican su nombre, puede hacer las cosas que ningún ser humano puede llegar a hacer.

       Cuando hacemos algo de parte de Dios, debe quedar absolutamente claro que el que reciba la gloria y la honra, no sea la persona, sino Dios. Que Pedro haya caminado sobre las aguas no me demuestra la habilidad y la fuerza de Pedro, ya que ningún ser humano se puede mantener sobre las aguas en estado líquido (la física no permite tal evento), sino que me demuestra que sólo Dios puede llevarnos a desafiar lo que conocemos como cotidiano, lo que llamamos lo normal, lo que siempre ha sido, con tal de que entendamos que sin Él nada somos.

* * *

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Una palabra basta para accionar.

       Ante tal respuesta de Pedro, Jesús sólo dijo: Ven. Esa es la confirmación de lo que podemos hacer. Pedro no esperó a que se calmaran las aguas para hacer más “cómoda” la caminata. Pedro no caminó alrededor de la barca agarrado de ella para asegurar que no se iba a caer, ni se enorgulleció ante los demás por lo que podía hacer, sino que tal como dijo, así lo hizo: se bajo de la barca y caminó hacia Jesús.

        Y aunque muchos hablen de que era un hombre de poca fe. Imagínense la fe de los que ni siquiera dijeron algo, sino que se quedaron mirando. La biblia no se distrae en personas que no hacen nada, en este fragmento, la historia se enfoca en Pedro, no en los que se quedaron mirando cómo Pedro caminaba hacia Jesús. Otros dirán que Pedro no llegó a Jesús o que llegó hasta la mitad, pero realmente sí llegó. Cuando se estaba hundiendo, pidió ayuda y Jesús sólo extendió su brazo para alzarlo, no dice que corrió hasta él, ni que caminó hasta alcanzarlo. Pedro caminó hasta ubicarse a la distancia de un brazo extendido, para mi es suficiente distancia para estar de frente a una persona y decirle, ya llegué. Aunque Pedro se iba hundiendo, y puede que no sepamos realmente la razón por la que dudó (ya que el miedo no es igual a la duda), Jesús cumplió con lo que le dijo: ven, y nunca lo abandonó ni aún cuando ya no podía avanzar.

La Importancia Del Corazón. I Parte.

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“Pues lo que está en el corazón determina lo que uno dice.”

(Mateo 12:34 NTV).

Entre las diversas áreas que tiene el ser humano, tanto física como emocionalmente, se encuentra una en específico cuyo valor es increíblemente alto y por el cual debemos procurar cuidar y sobre todo entender (aunque esto último es un poco difícil de lograr), ya que muchas veces esto puede definir lo que somos de forma inconsciente. Me refiero al “corazón” del ser humano, de forma no literal claro está, sino de forma espiritual. Pero ¿Por qué tanta importancia al corazón, que tiene éste que lo hace tan especial al resto?

La razón por la cual es tan importante y especial es porque el corazón representa la esencia más profunda, pura y simple del ser humano, por tal razón en el libro de los Proverbios, existen muchos versículos en el que se toma en cuenta el corazón del ser humano y gran parte de su significado va relacionado con lo más profundo del ser, más allá de la razón y de la mente. Frases como: “…Pues lo que está en el corazón determina lo que uno dice. (Mateo 12:34 NTV)”, “Hijo mío, no te olvides de mi Ley, y que tu corazón guarde mis mandamientos (Proverbios 3:1 RV95)”, descritas en la biblia nos muestra que más allá de nuestros sentimientos y razonamientos, el entender nuestro corazón es una clave para vivir como Dios quiere y además comprendernos a nosotros mismos, porque muchas veces somos el resultado de eventos que nos han sucedido y que muchas veces ignoramos o lo vemos como algo irrelevante, pero que han afectado, en gran o poca medida, a nuestro corazón.

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Veamos un ejemplo…

Para entender mejor la importancia del corazón espiritual de nuestra alma, veamos la importancia de nuestro propio corazón físico, ya que éste es el reflejo del estado del ser humano, pues responde y acciona según el cuerpo necesite, ya sea para correr, aguantar la respiración, sobrevivir al frío o al calor, y hasta para luchar si es necesario; además de mantener al cuerpo con vida, ya que suministra oxígeno al cuerpo por medio de la sangre.

Cuando necesitamos huir o pelear, ante cualquier situación que nos incomode o nos ponga en peligro, las glándulas suprarrenales liberan “adrenalina”, para aumentar el ritmo cardíaco del corazón, y éste se acelere, para que de este modo pueda llegar mucha más sangre y oxígeno a los músculos para poder pelear o huir. Y cuando todo pasa, o halla sido una “falsa alarma”, estas glándulas liberan luego noradrenalina, para restablecer el ritmo cardíaco, ya que el cuerpo no necesita tanto oxígeno. Otro aspecto interesante, es que cuando estamos alegres o felices, nuestro corazón empieza a latir con más fuerza, pero cuando estamos tristes, sentimos que nuestro corazón duele con cada latido, esto es a lo que me refiero con que el corazón es el reflejo del estado del ser humano.

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Volvamos a lo espiritual…

El corazón espiritual, del cual se habla mucho en la biblia, también es un reflejo, pero éste es el reflejo del estado del alma, y a su vez la mantiene viva. Si bien somos un ser trino (cuerpo, alma y espíritu), el espíritu actúa en nuestro corazón espiritual, dándole vida, para que a su vez con cada palpitar, le de vida a nuestra alma. Recuerda que lo que sale del corazón físico (sangre) es lo que mantiene vivo a nuestro cuerpo, así también lo que sale de nuestro corazón espiritual es lo que mantiene viva nuestra al alma, pero, ¿que es lo que sale de nuestro corazón espiritual?.

Según Proverbios 4:23 (“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”), pareciera que de nuestro corazón siempre sale vida, y lo expresa como si fuera de forma innata, por lo que podemos llegar a la conclusión de que nuestra alma siempre está viva porque de nuestro corazón mana vida, pero en una ocasión Jesús, mientras estaba en Genesaret, estaba hablando ante una multitud, entre ellos varios fariseos, sobre lo que contamina al hombre, y Pedro le pide que le explique lo que acababa de decir, y le responde: “pero las palabras que ustedes dicen provienen del corazón; eso es lo que los contaminaPues del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia. (Mateo 15:18-19 NTV)” aquí nos da a entender que las cosas malas que decimos o hacemos no solo nos contaminan, sino que también provienen del corazón, y ¿cómo puede contaminarnos lo que sale de nuestro corazón si de él mana la vida?.

Quiero que sepan que ambos versículos no se contradicen, sino mas bien justifican que el corazón representa la esencia más profunda, pura y simple del ser humano, y es tan puro y simple que de el solo puede salir vida o muerte. La condición innata del ser humano es de pecador, por lo tanto todo lo que hay en nuestro corazón ya viene con la intención de pecar, pero a la vez somos cuerpo, alma y espíritu, y es precisamente nuestro espíritu lo que le da vida a nuestra alma, en el corazón mismo del alma.

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En fin…

La vida se trata de decisiones, y tu decides que va a salir de tu corazón espiritual y lo que va a alimentar tu alma, si la vida por medio del espíritu en comunión con Dios, o la muerte por tu condición de pecador. Dios nos pide que guardemos su palabra en nuestro corazón, para que al momento que nuestra alma necesite un “estado” de pelea, tengamos esa adrenalina espiritual para que nuestro corazón se acelere al ritmo de Dios, y así nuestra alma obtenga lo que necesite. Por eso también, Dios nos pide que le amemos con todo nuestro corazón, para que nuestra alma vaya acorde a nuestro corazón, y si nuestro corazón va con Dios, nuestra alma también va con Él.

Entre la Obra y la Fe

Ha existido un debate entre los cristianos y no cristianos sobre si hacer buenas obras, o simplemente tener fe, ya que es algo que no se enseña muy a menudo o se distorsiona a nuestro favor para tener una falsa sensación de “hacer lo correcto”. Pero Pablo en una de sus cartas nos muestra cual debe ser la relación entre la obra y la fe, pero hay un aspecto que muy pocas veces tomamos en cuenta y la razón por el cual no se completa, o se pospone, las obra de Dios en nuestra vida, iglesia, trabajo, universidad, etc.

Santiago habla sobre la fe, con y sin obras, en el capitulo 2 verso 17, del cual aprendimos que la fe sin obra es muerta en sí misma, es decir, confiar en Dios y no demostrarlo con hechos, pues simplemente eso para Dios no vale o esperar que el Espíritu Santo te ayude a resolver tus problemas pero no hacer algo para solucionarlos, no hará que tu fe por la respuesta sirva para solucionarlos. Así como la mujer que corrió hacia Jesús en medio de la multitud en busca de su milagro, y cuando llega, Jesús le dice que por su fe ya ha sido sanada, y así su fe se vio demostrado por el hecho de buscar tocar el manto de Jesús en medio de tantas personas o el ciego que gritaba con muchas fuerzas para que Jesús lo oyera y así le recobrara la vista, su fe se vio demostrada cuando a pesar de que la multitud le pedía que se callara, él gritaba cada vez más y así por fue sanado; y en la carta de Pablo para hebreos en el capítulo 11, se ven más ejemplos de una fe demostrada con obras.

Pero en este escrito, quiero mostrarte otro aspecto de la fe, cuando no está puesta en quien se debe sino colocada en otras cosas. Pero antes de hablar sobre esto, quiero contarte dos historias de la biblia en que se ve demostrada una fe puesta no en Dios aunque lo parezca:

Caminando sobre el agua…

En una oportunidad, Jesús le pide a sus discípulos, que se adelanten en la barca, mientras el se queda a despedirse de la gente y luego a orar. Cuando ya se alejaba la barca de la orilla, luchaban a contra viento y con grandes olas. Luego a lejos ven una figura que caminaba sobre el agua, y ellos pensaron que era un fantasma y Jesús les dice quien es él y que no teman, pero Pedro le dijo: “Señor, si realmente eres tu, ordena que yo camine también sobre el agua y vaya hasta donde tú estás.” Y Jesús le responde que venga hacia él.

Pedro empieza a caminar sobre las aguas hacia Jesús, y la biblia dice que él tuvo miedo al sentir la fuerza del viento y comenzó a hundirse, él pide ayuda y Jesús lo ayuda y le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Analicemos esto…

Una historia muy interesante del cual se ha sacado muchos temas con el mismo aspecto referente a este acontecimiento. Pero hoy quiero que lo veamos desde otro punto de vista. Empecemos cuando Pedro le dice que si de verdad es Jesús le ordene caminar sobre las aguas, y el le dice: “ven”. Ahora bien, Pedro entendió que cualquier cosa que Jesús ordenara eso se cumpliría pase lo que pase si se tiene fe en Jesús, pero entonces la pregunta que nos viene a la mente es: ¿Por qué dudó?

La biblia dice que Pedro al sentir los fuertes vientos que le golpeaban tuvo miedo y se hundió, pero cuando Jesús lo ayuda a no ahogarse, él no le pregunta por que tuvo miedo, sino: ¿por qué dudaste? Para entender esto, entremos en la mente de Pedro cuando estaba caminando. Pedro ve un hecho: caminar sobre las aguas, y ve a Jesús a lo lejos. Pedro confundió sobre en que debería poner su fe, su confianza, si en ese Jesús que se ve a lo lejos y no parece hacer algo o en que él puede caminar sobre el agua hacia Jesús. Cuando el ve y siente que está caminando sobre las aguas quizás sintió que Jesús le había dado la potestad de caminar sobre las aguas y puso su fe en lo que hacía y no en quien permitía que pudiera caminar sobre el agua. Al él poner su fe en lo que hacía (caminar sobre el agua) se exponía a que cualquier cosa derrumbe su confianza en lo que hace. Pedro tuvo miedo al sentir los fuertes vientos en tu cuerpo, pero el pide ayuda es cuando se empieza a hundirse, porque su confianza estaba puesta en que él podía caminar sobre el agua y al empezar a hundirse se dio cuenta que no podía y que su fe no valía de nada.

Cuando Jesús extiende su brazo para ayudarlo a no ahogarse, el dice la clave de lo que pasó: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?, en la versión traducida al lenguaje actual dice: “Pedro, tú confías muy poco en mí, ¿por qué dudaste? Allí se ve lo que realmente pasó, pues a Jesús no le interesa si tuvo miedo o no, sino el porqué no confió en Jesús sino en lo que hacía.

Esto nos brinda una gran enseñanza y es que: “La fe no debe estar puesta en la obra de Dios, sino en el Dios de la obra”

Cuando nuestra fe se fundamenta en la obra de Dios, esperamos que esta obra progrese a nuestra manera o de cierta forma, pero hay que recordar que esa obra no es nuestra, sino de Dios, y Dios hace lo que le plazca para que la obra se cumpla y sea de bendición; y cuando no suceden las cosas que esperamos que pasen, entonces es ahí donde dudamos de la obra de Dios, o si es Dios quien está con nosotros. Es muy fácil confundir nuestra fe en la obra de Dios y nuestra fe en el Dios de la obra, pues es muy similar pero con finales distintos.

Pero cuando nuestra fe se fundamenta en el Dios de la obra, podemos entender lo que pasa en la obra de Dios, y podemos “caminar sobre las aguas” entendiendo que no somos nosotros quienes podemos hacerlo, sino que es Dios que permite que caminemos sobre el agua. Y créeme, la fe puesta en la obra de Dios, puede ser derrumbada por cualquier cosa, pero la fe puesta en el Dios de la obra, ni teniendo miedo se puede derrumbar. Recuerda que puedes tener muchísimo miedo, pero lo que te puede hundir es dudar de aquel que permite que hagas cosas sobrenaturales, y siempre Dios te preguntará ¿dudaste o no dudaste?

Otra historia…

Todo buen cristiano conoce la historia de la traición de Judas Iscariote. Pero muy pocos nos preguntamos: ¿por qué lo traicionó? o ¿qué le hizo Jesús a Judas para que lo traicionara? En esta historia se ve como la fe puesta en la obra y en Dios es muy similar pero con propósitos distintos y con puntos de vistas distintos. Jesús había permanecido tres años junto a sus doce discípulos, enseñándoles la Palabra de Dios y entrenándolo. Entre esos discípulos estaba Judas Iscariote aprendiendo de Jesús cada día, pero ¿por qué una persona que tenía un buen puesto dentro del grupo de Jesús, llegaría a traicionarlo?

Es posible que Judas Iscariote perteneciera a los zelotes, que buscaban independizar Judea del imperio romano. Por lo tanto, Judas al ver que los “líderes religiosos” estaban en contra de Jesús y hasta él mismo decía que iba a morir, sintió que Jesús traicionaba la independencia de Judea, aquí vemos que para Judas, Jesús no lo era el todo, sino un instrumento para cumplir aquello en lo que tenía puesta su fe, que era esa libertad del imperio romano. Pero Judas le servía a Jesús porque veía que su propia obra se podía cumplir, y este servicio es muy similar al servicio de Pedro, Juan, etc. Pero vemos en lo que terminó cuando su fe estaba fundamentada en la obra y no en Dios que permite que se cumpla esa obra.

Para terminar…

El servir a Dios de corazón, y servir a Dios para cumplir nuestros propios propósitos son muy similares a simple vista, pero nuestra fe puesta en Dios, ni con todo el miedo que podamos llegar a tener, esa fe caerá, pues el miedo no derrumba la fe, sino la duda. Así como Pedro confundió entre lo que hacía y entre el que permitía que pudiera hacerlo o Judas Iscariote que le servía a Jesús solo porque veía que sus planes se podían cumplir con Jesús, y parecía que le servía de corazón, realmente su servicio era “por cumplir” y no por un sentir de amor a Dios.

Recuerden que la verdadera fe se basa en el Dios que permite que podamos hacer cualquier cosa y no en las cosas que hacemos aunque sea para Dios, la fe es para Dios.